viernes, 10 de febrero de 2017

Literatura de viajes: "Días de viaje", de Aniko Villaba

Antecedentes

Conocí el trabajo de Aniko Villalba entre los años 2013 y 2014. Fue Google quien nos presentó a su blog y a mí justo cuando yo buscaba sobre algo que me llevaba atormentando y avergonzando desde hacía mucho tiempo: el miedo a viajar. Recibí muchas críticas por haber dejado pasar ciertos viajes para los que no me sentía preparada. Viéndolo con retrospectiva, esas mismas voces que me reprocharon mi cobardía entonces, fueron las que me tildaron de loca por hacer un roadtrip de más de 3.000 kilómetros en coche. Pues eso.

El caso es que después de haber enfrentado durante algún tiempo comentarios que no me ayudaban en nada a superar mi miedo, encontré esto y, de repente, pude ver mi problema desde otra perspectiva. Y no es que hiciera la mochila y saliera a ver mundo como si nada hubiera pasado. No. Pero empecé a dar pequeños pasos en firme, de esos que intuyes que va a salir algo muy bueno.

El problema es que estaba enfocando mal el asunto. Yo, que había tenido siempre ganas de conocer lo desconocido, porque soy curiosa por naturaleza, pensaba que ese miedo no me iba a dejar nunca realizar uno de mis sueños, ir de viaje por aquí y por allá. Ese pensamiento me frustraba y me hacía verlo todo de color gris.

Sin embargo, el quid de la cuestión estaba en una frase que leí en el post de Aniko sobre el miedo a viajar y por qué no hay que dejar quenos frene: “Es normal tenerle miedo a lo desconocido”. Yo aún sigo sintiendo esa ansiedad (que, según Paul Theroux, Freud también sentía y llamaba reiseangst) cuando preparo un viaje pero ahora enfoco esa energía en otra cosa: es un reto a mí misma, para saber hasta dónde puedo llegar. Cuando estoy en ruta, ni me acuerdo del miedo. Y cuando vuelvo a casa, extraño mucho todo lo que conocí.

El libro

Todo este prólogo, que más bien parece una sección de autoayuda J, era para poner en contexto cómo llegué al trabajo de Aniko Villalba, primero a través de su blog y, ahora, unos años después, hasta Días de Viaje, su primer libro escrito. Días de Viaje no se puede conseguir por los medios de compra tradicionales. Es de edición independiente y solo se puede comprar a través de la web de Aniko y en puntos de venta contados. La verdad es que podía haberlo comprado en ebook, formato en el que suelo leer muchísimo, pero esta lectura me estaba pidiendo a gritos contacto físico. Tras mucho buscar por Madrid, lo encontré en la librería Desnivel, especializada en libros de montañismo, viajes y aventuras.

La preciosa ilustración de portada promete: una mochila de la que salen cámaras fotográficas, cuadernos, bolígrafos, gatos, naipes,… todos ellos elementos que representan los primeros años como viajera y nómada digital de Aniko Villalba.

El punto de partida es Buenos Aires. Una chica que acaba de terminar su formación universitaria tiene que decidir acerca de su futuro. Y aquí se le plantean dos tipos de vida: la convencional de trabajo de ocho horas, casa, boda e hijos; o la alternativa al sistema, que muchos tachan de locura, y que consiste en ir a recorrer el mundo y escribir sobre ello. A pesar de las voces críticas, Aniko elige seguir su sueño y emprende su primer viaje en solitario por América Latina.

Lo que sigue no es una guía de viajes, por si algún despistado se hace con el libro para ese fin. Nada de eso. Lo que sigue es un relato sobre experiencias, sensaciones, lugares, gentes, costumbres, anécdotas y vida.

Además de América Latina, la autora nos cuenta también sobre su viaje por Asia, su segundo gran reto tras un parón en Buenos Aires.  Disfruté lo que no está escrito leyendo el capítulo de China; me parece fascinante la manera en que Aniko es capaz de superar sus propias limitaciones, en este caso, la barrera del idioma.

Días de viaje relata otros recorridos por Europa, donde se incluyen por cierto estancias en Madrid, Carcelona (Barcelona), Asturias y Andalucía, un precioso viaje a Laponia, a Lisboa o a la República Checa, así como un par de meses de travesía por Marruecos.


El libro está repleto de reflexiones, de impresiones, de sentimientos, de gente. Desmonta los típicos mitos de que viajar es muy caro, de que vivir de manera nómada es incompatible con formar una familia, o de que viajando estás como de vacaciones. Además, hay una sensación recurrente a lo largo de todo el texto que a mí también me ha pasado cuando vuelvo de algún sitio; se trata de la parte más onírica de un viaje: ¿de verdad yo he estado allí? ¿De verdad he sido capaz de hacer eso? Pues parece ser que sí.

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