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viernes, 9 de septiembre de 2016

Viajar a Bélgica en coche: Etapa 7. Final de viaje por Zarautz

Este último día de viaje nos llevó también a un destino inesperado. Nuestra idea era conducir de Niort a Madrid y parar donde nos apeteciera. Iríamos viendo si pasábamos la noche en algún otro sitio o si hacíamos todos los kilómetros del tirón. Por la mañana temprano, disfrutamos del desayuno del B&B que, para ser tan barato, era muy completo y rico (incluso pudimos volver a probar los yogures “Malo” que tanto nos gustaron la vez que estuvimos en París).

Yogures Malo, producidos en la Bretaña

De nuevo, empaquetamos todo y carretera y manta. No encontramos excesivo tráfico y el viaje comenzó muy tranquilo. Asfalto y más asfalto. ¡Ah! Y subida de temperaturas. Una semana antes, habíamos salido de Madrid con treinta y tantos grados; al llegar a Burdeos encontramos unos veintitantos pero seguimos en manga corta; en Normandía sacamos pantalón largo y chaqueta; en Bélgica no nos quitamos la manga larga; y, de vuelta a España, notamos de nuevo la subida de las temperaturas.

Sin embargo, continuaba haciendo mucho viento y fue este día cuando encontramos una roulot volcada en la carretera. En otro post anterior ya os dije que la media langosta me comentó en más de una ocasión que las roulot le parecían poco estables con el viento. Lo cierto es que yo me fijaba en que cuando pasábamos se mecían suavemente pero no me creí que aquello pudiera volcar hasta que lo ví. Por suerte no hubo que lamentar víctimas, ya que el coche que arrastraba la roulot no volcó y los ocupantes estaban esperando fuera a que viniera la grúa. Lo que sí provocó fue una pequeña retención porque la roulot invadía dos de los tres carriles de la autopista.

Pasado este percance, continuamos como si nada con nuestro camino. Volvimos a hacer algunas paradas en algunas de las áreas de descanso francesas, que ya os comenté que estaban muy bien preparadas para el turismo. Aprendí finalmente a usar el baño automático en el que casi me quedo atrapada camino de Normandía.

Más o menos a las dos de la tarde, cruzamos la frontera con Irún y entonces pensamos que sería buena idea parar en Vitoria y conocer la ciudad, que yo tenía ganas. Pero lo que pasó fue que pasamos por Zarautz y que desde la carretera se veía aquel paisaje precioso mar-montaña y no me pude resistir. Cambio de ruta en el GPS. Paramos en Zarautz.

Paseo marítimo de Zarautz

Decubriendo un trocito del País Vasco


Yo solo había estado en el País Vasco una vez, y en Bilbao. Pero aquellas vistas maravillosas me dejaron con la boca abierta y con las ganas de hacer un road trip completo por esta comunidad. El caso es que al internarnos en Zarautz fuimos a dar a una carretera que recorre los pueblos de la costa por la playa (creo que es la N-634). Y es impresionante. Fuimos de Zarautz a Zumaia pasando por Guetaria y nos quedamos impresionados. Además, a pesar del sol y del calor, había una cierta brisa y el oleaje era espectacular.

Vistas de la playa que baña Zarautz

De hecho, cuando aparcamos en Zarautz después (en un parking privado porque no había otra manera), nos dimos una vuelta por el paseo marítimo y allí apenas había playa, el agua se la había comido en su práctica totalidad.

El día era caluroso y el pueblo estaba repleto de gente en las terrazas, en el paseo,… por todos lados. No es para menos, la estampa es espectacular y el sitio merece mucho la pena. Solo la masificación me recordó un poco a esas playas de la costa Mediterránea pero no el paisaje, ni la temperatura del agua, ni el calor tan húmedo.

Nos quedamos a comer algo por allí y a refrescamos un poco los pies por donde pudimos. A media tarde, decidimos volver a coger el coche y seguir nuestra ruta. De nuevo, otra vez, y sin haberlo planificado, descubrimos un sitio estupendo.

De vuelta a Madrid


Ya de camino de nuevo en la AP-1 dirección Madrid, veíamos el final de nuestro viaje cada vez más cerca, a la vez que sentíamos de nuevo el calor agobiante típico del mes de julio. Cerca de Burgos paramos en una gasolinera para repostar y quisimos parar también en un área de servicio. Pero el paisaje había cambiado mucho y lo único que encontramos fue un secarral con apenas alguna sombra y cuatro bancos. Solo nos separaban unos cientos de kilómetros de Francia y la forma en que se cuida al turista por carretera cambia de forma radical. Desaparecieron también las roulots y las autocaravanas del paisaje y las matrículas de tantas y tantas nacionalidades. Algunas se veían, pero de forma casi residual. Con los sitios tan bonitos que hay en nuestra tierra… Con tantas y tantas cosas que hay por descubrir y a las que de la manera que mejor se llega es en el coche… En fin, desde aquí esta reflexión.

Continuamos cruzando Castilla y León y el termómetro sube que te sube. Hicimos alguna parada más y decidimos poner en la radio algún partido de la Eurocopa para amenizar el viaje. Ya íbamos a ir rectos hasta Madrid, sin parar a dormir en ningún sitio, con ganas de descansar en nuestra camita. Nuestra sorpresa que, en la entrada a Madrid por la A-1, encontramos una impresionante retención desde prácticamente el principio de la carretera en esta comunidad. Dos horas y pico de retención, hasta se nos hizo de noche.

Paramos para hacer un alto en el camino y a descansar en una gasolinera y cuando vimos que la retención había amainado un poco, continuamos la marcha. Teníamos previsto llegar a casa a las diez de la noche pero no llegamos hasta casi las doce. Esto sí que fue una paliza de coche, todo sea dicho, sobre todo porque los atascos interminables cansan mucho.

Pero, finalmente, a las doce de la noche del día 4 de julio llegamos a casa después de un precioso viaje que marcó un antes y un después personal en muchos aspectos. Un viaje en el que empecé a tantear ciertas cosas que yo tenía ganas de tantearme y del que salí más que satisfecha y con ganas de más. ¿Cuál será el próximo destino? Pronto lo sabremos…

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martes, 30 de agosto de 2016

Viajar a Bélgica en coche. Etapa 6: De vuelta por Niort y Coulon (Francia)

Tras nuestro periplo por tierras belgas y ese precioso viaje de ida por Normandía, pusimos rumbo de nuevo a Francia y después vuelta a casa. Esa mañana, como las tres últimas, disfrutamos de desayuno y conversación con los otros huéspedes (ya solo quedaba la pareja canadiense) y con los anfitriones del B&B Antares. Nos lo pasamos estupendamente, intercambiamos fotos, correos electrónicos, abrazos y besos varios (en Canadá no es costumbre como en España dar besos para saludarse o despedirse de alguien. Tampoco lo es en Bélgica donde en algunos casos se dan hasta tres besos pero con gente de confianza).

¿Qué habrá detrás? Me encanta fotografíar puertas. Esta, en Coulon

Tras recoger nuestras cosas en el B&B, hicimos un par de paradas técnicas. La primera, en la gasolinera, donde repostamos gasoil a un muy buen precio, y la segunda, en Carrefour, donde compramos hielo para nuestra nevera portátil, ya que en el viaje de ida no encontramos hielo en Francia.

A partir de ahí, la jornada se presentaba con muchos kilómetros por delante hasta Niort, unos 700 y pico de kilómetros, por Calais y Le Mans, Tours y Poitiers, evitando los atascos de las circunvalaciones de París.

En un principio, habíamos decidido parar en Nantes, que es un sitio más turístico pero se desviaba un poco de la ruta de vuelta, por lo que finalmente nos decidimos por Niort y sus alrededores, y no nos confundimos.

Desde el coche pudimos disfrutar de nuevo de los paisajes verdes que adornan todo Francia y de las áreas de descanso. De verdad que deberíamos aprender de lo bien que se trata a los turistas en el país vecino y de los encantador que resulta hacer un alto en el camino en sitios agradables y bien acondicionados. La filosofía francesa  del viaje por carretera es que el viaje forma parte del camino, sin duda alguna.

Por primera vez desde que salimos de Madrid me pareció que estábamos haciendo muchos kilómetros. Yo lo achaco a la vuelta a casa, la ilusión ya no es la misma; se va acercando el final del viaje.

En Niort, nos alojamos en un hotel muy barato de una cadena que se llama B&B. En el Niort Marais Poitevin, la noche nos salió por muy poco dinero, incluido el desayuno y lo cierto es que el servicio que prestan es bastante respetable. El hotel estaba situado a las afueras de la ciudad y muy cerca de un centro comercial, donde hicimos acopio de víveres. Además, cerca había una gasolinera Eroski en la que volvimos a repostar a muy buen precio.

Uno de los pueblos más bonitos de Francia


Cuando decidimos que haríamos noche en Niort, busqué sitios cercanos con encanto que pudiésemos visitar. Niort tiene algunas cosas que ver como el cantillo Le Donjon o el centro histórico pero la verdad es que me apetecía huir de la ciudad y ver otra cosa diferente, llevarme un punto de vista nuevo de Francia.

Canales en Coulon

Y lo cierto es que lo encontramos por casualidad. Navegando por Internet llegué a una entrada que decía “Coulon, uno de los pueblos más bonitos de Francia”. Y después, encontré entradas que lo describían como la “Venecia verde”.

Coulon pertenece a la Association Les Plus Beaux Villages de France, una asociación francesa que promueve el atractivo turístico de los pequeños municipios rurales franceses, basándose en su patrimonio artístico e histórico.

No me imagino la cantidad de pueblos preciosos que deben de estar perdidos por todo el mundo y que no conocemos simplemente porque no forman parte de ninguna guía de viajes. Gracias al viaje en coche, descubrir sitios perdidos es algo de lo que más he disfrutado. Yendo en avión es poco probable que hubiera conocido si quiera las playas del Desembarco de Normandía.

Embarcadero de los canales de Coulon

Para ir a Coulon desde Niort, el GPS nos indicaba que tardaríamos apenas 20 minutos. Lo que no nos dijo es que para llegar iríamos por preciosas carreteras secundarias en plena naturaleza y muy estrechas.

Coulon es un pueblo que parece un decorado de cine. Típico francés con sus casitas bajas, sus fachadas cuidadas al milímetro, sus tienditas de ensueño, flores por todas partes... Aparcamos sin problema cerca de una plaza y nos adentramos aún más en sus calles y descubrimos lo que hay al final: canales de agua, embarcaderos y naturaleza verde a través de un paseo en el que a última hora de la tarde casi no quedaba nadie y todo era tranquilidad.

Tiendas decorado de cine en Coulon

Descubrir algo así en las últimas etapas del viaje y casi por sorpresa fue algo que nos encantó y que disfrutamos mucho a pesar de las horas de coche que llevábamos encima. Tras un paseo por el pueblo, estaba casi ya anocheciendo y deshicimos el camino por las carreteritas secundarias de nuevo hacia el B&B de Niort.

Ya quedaba poco para regresar a casa pero con muchas cosas más en las maletas de las que nos acompañaban al principio: sobre todo, experiencias y sitios.

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