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jueves, 22 de septiembre de 2016

Ventajas de viajar en coche

Desde que compramos el coche en el año 2012, hemos hecho muchos viajes, largos y cortos, con él: lo inauguramos yendo al Pilar de Zaragoza y luego hemos visitado Valencia, Granada, Toledo, Asturias, Portugal, Francia, Bélgica… y hemos hecho muchas excursiones, sobre todo acoplándole el portabiclicletas.

A los pies de la Torre de Belém, en Lisboa, disfrutando de la espectacular desembocadura del río Tajo 

Si habéis leído la aventura belga de 2016, ya sabéis que yo, aunque tengo carnet, no conduzco porque no me gusta demasiado, y que solo lo hace la media langosta (por cierto que lo de la medialangosta viene de aquí). A él, en cambio, le gusta conducir, como diría el lema de BMW, y yo ya me he hecho a ejercer de copilota, a manejar el GPS, a hacer de DJ, a proveer bebida y alimentos, y a echarme alguna que otra siesta en periodos de inactividad.

Cuando planteamos ir a Bélgica en coche, una de las cosas que más me preocupaba era la enorme cantidad de kilómetros que haríamos y la posibilidad de sufrir un accidente. Creo que a la mayor parte de la gente que viaja por carretera le asaltan estas dudas y, aunque en realidad están ahí, son cuestiones en las que podemos trabajar para evitarlas.

Otra de las dudas que me acechaban era el precio total que pagaríamos en comparación con el viaje en avión: era probable que encontrara billetes de ida y vuelta más baratos directos a Bruselas.

Desmontando mitos


Después de la incertidumbre inicial propia de cualquier viajero inexperto, empecé a echar cuentas y llegué a la conclusión de que el trayecto en sí hasta Bruselas no nos supondría, entre combustible y peajes, más de 400 euros aproximadamente, lo que me salían dos billetes de ida y vuelta a Bruselas. 

Lo que no incluían esos billetes de avión eran las visitas a Burdeos, Normandía y Brujas. Es decir, cuando viajas en coche, conoces cosas que en otro modo de transporte sería imposible. Por ejemplo, al Cementerio Americano de Normandía o la Playa de Omaha o a Coulon solo se puede llegar por carretera.

Seat León vs. tanque en la Playa de Omaha, en Normandía

Además, el coche te da una libertad extra. Puedes parar cuando quieras, si ves algo que te ha llamado la atención o simplemente estás cansado; te permite cambiar los planes; el equipaje no tiene por qué estar limitado y puedes llevar las cosas que creas conveniente; empiezas el viaje desde el momento en que arrancas; disfrutas de la música y del paisaje; aprovechas las horas para hablar e incluso para inventarte algún juego; llevas comida y bebida; si tienes mascota, puedes disfrutar de su compañía; y un largo etcétera.

Vuelve algunos inconvenientes a tu favor


Es cierto que también puedes sufrir atascos, problemas a la hora de aparcar o algún incidente o accidente. Sí, es verdad, pero son cosas que, si planificas mínimamente tu viaje, puedes mitigar en gran parte. Por ejemplo, puedes consultar el estado del tráfico antes de partir y elegir rutas alternativas si lo consideras oportuno; ayúdate con las herramientas que te ofrece el GPS para gozar de una conducción óptima; infórmate de dónde puedes aparcar el coche en tu lugar de destino antes de llegar; elige alojamientos con parking privado o situados en zonas en las que el aparcamiento sea fácil; y revisa tu póliza para saber qué te cubre en caso de que necesites contactar con tu aseguradora.

Ventajas de viajar en coche
Decálogo de por qué merece la pena viajar en coche

viernes, 9 de septiembre de 2016

Viajar a Bélgica en coche: Etapa 7. Final de viaje por Zarautz

Este último día de viaje nos llevó también a un destino inesperado. Nuestra idea era conducir de Niort a Madrid y parar donde nos apeteciera. Iríamos viendo si pasábamos la noche en algún otro sitio o si hacíamos todos los kilómetros del tirón. Por la mañana temprano, disfrutamos del desayuno del B&B que, para ser tan barato, era muy completo y rico (incluso pudimos volver a probar los yogures “Malo” que tanto nos gustaron la vez que estuvimos en París).

Yogures Malo, producidos en la Bretaña

De nuevo, empaquetamos todo y carretera y manta. No encontramos excesivo tráfico y el viaje comenzó muy tranquilo. Asfalto y más asfalto. ¡Ah! Y subida de temperaturas. Una semana antes, habíamos salido de Madrid con treinta y tantos grados; al llegar a Burdeos encontramos unos veintitantos pero seguimos en manga corta; en Normandía sacamos pantalón largo y chaqueta; en Bélgica no nos quitamos la manga larga; y, de vuelta a España, notamos de nuevo la subida de las temperaturas.

Sin embargo, continuaba haciendo mucho viento y fue este día cuando encontramos una roulot volcada en la carretera. En otro post anterior ya os dije que la media langosta me comentó en más de una ocasión que las roulot le parecían poco estables con el viento. Lo cierto es que yo me fijaba en que cuando pasábamos se mecían suavemente pero no me creí que aquello pudiera volcar hasta que lo ví. Por suerte no hubo que lamentar víctimas, ya que el coche que arrastraba la roulot no volcó y los ocupantes estaban esperando fuera a que viniera la grúa. Lo que sí provocó fue una pequeña retención porque la roulot invadía dos de los tres carriles de la autopista.

Pasado este percance, continuamos como si nada con nuestro camino. Volvimos a hacer algunas paradas en algunas de las áreas de descanso francesas, que ya os comenté que estaban muy bien preparadas para el turismo. Aprendí finalmente a usar el baño automático en el que casi me quedo atrapada camino de Normandía.

Más o menos a las dos de la tarde, cruzamos la frontera con Irún y entonces pensamos que sería buena idea parar en Vitoria y conocer la ciudad, que yo tenía ganas. Pero lo que pasó fue que pasamos por Zarautz y que desde la carretera se veía aquel paisaje precioso mar-montaña y no me pude resistir. Cambio de ruta en el GPS. Paramos en Zarautz.

Paseo marítimo de Zarautz

Decubriendo un trocito del País Vasco


Yo solo había estado en el País Vasco una vez, y en Bilbao. Pero aquellas vistas maravillosas me dejaron con la boca abierta y con las ganas de hacer un road trip completo por esta comunidad. El caso es que al internarnos en Zarautz fuimos a dar a una carretera que recorre los pueblos de la costa por la playa (creo que es la N-634). Y es impresionante. Fuimos de Zarautz a Zumaia pasando por Guetaria y nos quedamos impresionados. Además, a pesar del sol y del calor, había una cierta brisa y el oleaje era espectacular.

Vistas de la playa que baña Zarautz

De hecho, cuando aparcamos en Zarautz después (en un parking privado porque no había otra manera), nos dimos una vuelta por el paseo marítimo y allí apenas había playa, el agua se la había comido en su práctica totalidad.

El día era caluroso y el pueblo estaba repleto de gente en las terrazas, en el paseo,… por todos lados. No es para menos, la estampa es espectacular y el sitio merece mucho la pena. Solo la masificación me recordó un poco a esas playas de la costa Mediterránea pero no el paisaje, ni la temperatura del agua, ni el calor tan húmedo.

Nos quedamos a comer algo por allí y a refrescamos un poco los pies por donde pudimos. A media tarde, decidimos volver a coger el coche y seguir nuestra ruta. De nuevo, otra vez, y sin haberlo planificado, descubrimos un sitio estupendo.

De vuelta a Madrid


Ya de camino de nuevo en la AP-1 dirección Madrid, veíamos el final de nuestro viaje cada vez más cerca, a la vez que sentíamos de nuevo el calor agobiante típico del mes de julio. Cerca de Burgos paramos en una gasolinera para repostar y quisimos parar también en un área de servicio. Pero el paisaje había cambiado mucho y lo único que encontramos fue un secarral con apenas alguna sombra y cuatro bancos. Solo nos separaban unos cientos de kilómetros de Francia y la forma en que se cuida al turista por carretera cambia de forma radical. Desaparecieron también las roulots y las autocaravanas del paisaje y las matrículas de tantas y tantas nacionalidades. Algunas se veían, pero de forma casi residual. Con los sitios tan bonitos que hay en nuestra tierra… Con tantas y tantas cosas que hay por descubrir y a las que de la manera que mejor se llega es en el coche… En fin, desde aquí esta reflexión.

Continuamos cruzando Castilla y León y el termómetro sube que te sube. Hicimos alguna parada más y decidimos poner en la radio algún partido de la Eurocopa para amenizar el viaje. Ya íbamos a ir rectos hasta Madrid, sin parar a dormir en ningún sitio, con ganas de descansar en nuestra camita. Nuestra sorpresa que, en la entrada a Madrid por la A-1, encontramos una impresionante retención desde prácticamente el principio de la carretera en esta comunidad. Dos horas y pico de retención, hasta se nos hizo de noche.

Paramos para hacer un alto en el camino y a descansar en una gasolinera y cuando vimos que la retención había amainado un poco, continuamos la marcha. Teníamos previsto llegar a casa a las diez de la noche pero no llegamos hasta casi las doce. Esto sí que fue una paliza de coche, todo sea dicho, sobre todo porque los atascos interminables cansan mucho.

Pero, finalmente, a las doce de la noche del día 4 de julio llegamos a casa después de un precioso viaje que marcó un antes y un después personal en muchos aspectos. Un viaje en el que empecé a tantear ciertas cosas que yo tenía ganas de tantearme y del que salí más que satisfecha y con ganas de más. ¿Cuál será el próximo destino? Pronto lo sabremos…

¿Te ha gustado nuestra experiencia de viaje? No te pierdas el reto de nuestra aventura.

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martes, 30 de agosto de 2016

Viajar a Bélgica en coche. Etapa 6: De vuelta por Niort y Coulon (Francia)

Tras nuestro periplo por tierras belgas y ese precioso viaje de ida por Normandía, pusimos rumbo de nuevo a Francia y después vuelta a casa. Esa mañana, como las tres últimas, disfrutamos de desayuno y conversación con los otros huéspedes (ya solo quedaba la pareja canadiense) y con los anfitriones del B&B Antares. Nos lo pasamos estupendamente, intercambiamos fotos, correos electrónicos, abrazos y besos varios (en Canadá no es costumbre como en España dar besos para saludarse o despedirse de alguien. Tampoco lo es en Bélgica donde en algunos casos se dan hasta tres besos pero con gente de confianza).

¿Qué habrá detrás? Me encanta fotografíar puertas. Esta, en Coulon

Tras recoger nuestras cosas en el B&B, hicimos un par de paradas técnicas. La primera, en la gasolinera, donde repostamos gasoil a un muy buen precio, y la segunda, en Carrefour, donde compramos hielo para nuestra nevera portátil, ya que en el viaje de ida no encontramos hielo en Francia.

A partir de ahí, la jornada se presentaba con muchos kilómetros por delante hasta Niort, unos 700 y pico de kilómetros, por Calais y Le Mans, Tours y Poitiers, evitando los atascos de las circunvalaciones de París.

En un principio, habíamos decidido parar en Nantes, que es un sitio más turístico pero se desviaba un poco de la ruta de vuelta, por lo que finalmente nos decidimos por Niort y sus alrededores, y no nos confundimos.

Desde el coche pudimos disfrutar de nuevo de los paisajes verdes que adornan todo Francia y de las áreas de descanso. De verdad que deberíamos aprender de lo bien que se trata a los turistas en el país vecino y de los encantador que resulta hacer un alto en el camino en sitios agradables y bien acondicionados. La filosofía francesa  del viaje por carretera es que el viaje forma parte del camino, sin duda alguna.

Por primera vez desde que salimos de Madrid me pareció que estábamos haciendo muchos kilómetros. Yo lo achaco a la vuelta a casa, la ilusión ya no es la misma; se va acercando el final del viaje.

En Niort, nos alojamos en un hotel muy barato de una cadena que se llama B&B. En el Niort Marais Poitevin, la noche nos salió por muy poco dinero, incluido el desayuno y lo cierto es que el servicio que prestan es bastante respetable. El hotel estaba situado a las afueras de la ciudad y muy cerca de un centro comercial, donde hicimos acopio de víveres. Además, cerca había una gasolinera Eroski en la que volvimos a repostar a muy buen precio.

Uno de los pueblos más bonitos de Francia


Cuando decidimos que haríamos noche en Niort, busqué sitios cercanos con encanto que pudiésemos visitar. Niort tiene algunas cosas que ver como el cantillo Le Donjon o el centro histórico pero la verdad es que me apetecía huir de la ciudad y ver otra cosa diferente, llevarme un punto de vista nuevo de Francia.

Canales en Coulon

Y lo cierto es que lo encontramos por casualidad. Navegando por Internet llegué a una entrada que decía “Coulon, uno de los pueblos más bonitos de Francia”. Y después, encontré entradas que lo describían como la “Venecia verde”.

Coulon pertenece a la Association Les Plus Beaux Villages de France, una asociación francesa que promueve el atractivo turístico de los pequeños municipios rurales franceses, basándose en su patrimonio artístico e histórico.

No me imagino la cantidad de pueblos preciosos que deben de estar perdidos por todo el mundo y que no conocemos simplemente porque no forman parte de ninguna guía de viajes. Gracias al viaje en coche, descubrir sitios perdidos es algo de lo que más he disfrutado. Yendo en avión es poco probable que hubiera conocido si quiera las playas del Desembarco de Normandía.

Embarcadero de los canales de Coulon

Para ir a Coulon desde Niort, el GPS nos indicaba que tardaríamos apenas 20 minutos. Lo que no nos dijo es que para llegar iríamos por preciosas carreteras secundarias en plena naturaleza y muy estrechas.

Coulon es un pueblo que parece un decorado de cine. Típico francés con sus casitas bajas, sus fachadas cuidadas al milímetro, sus tienditas de ensueño, flores por todas partes... Aparcamos sin problema cerca de una plaza y nos adentramos aún más en sus calles y descubrimos lo que hay al final: canales de agua, embarcaderos y naturaleza verde a través de un paseo en el que a última hora de la tarde casi no quedaba nadie y todo era tranquilidad.

Tiendas decorado de cine en Coulon

Descubrir algo así en las últimas etapas del viaje y casi por sorpresa fue algo que nos encantó y que disfrutamos mucho a pesar de las horas de coche que llevábamos encima. Tras un paseo por el pueblo, estaba casi ya anocheciendo y deshicimos el camino por las carreteritas secundarias de nuevo hacia el B&B de Niort.

Ya quedaba poco para regresar a casa pero con muchas cosas más en las maletas de las que nos acompañaban al principio: sobre todo, experiencias y sitios.

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jueves, 25 de agosto de 2016

Aparcar el coche en ciudades europeas: Burdeos y Bruselas

Una de las cosas que más me preocupaba del viaje hasta Bélgica con el coche era el aparcamiento. Recuerdo cuando fuimos a París hace dos años y a Roma el año pasado que la media langosta y yo pensamos: “¡Menuda locura si llegamos a venir aquí en el coche!”.

Mapa de los P+R en Bruselas
Pero es que entonces teníamos un punto de vista erróneo. Evidentemente, es un poco temerario ir hasta la mismísima Torre Eiffel en el coche: lluvia, bicicletas, tráfico, calles cortadas, aparcamiento restringido,… Pero una buena organización nos puede ayudar a llegar a nuestras ciudades favoritas en nuestro coche y luego poder movernos libremente.

Lo primero, es poner un poquito de esfuerzo en la elección de alojamiento. Yo, que lo hago siempre a través de Booking, selecciono la opción de aparcamiento y el buscador me ofrece resultados de sitios que tiene aparcamiento privado u opciones de aparcamiento público cercanas.

En nuestro viaje por Francia y Bélgica, las zonas que más me preocupaban eran Burdeos y Bruselas. En el primer caso porque había leído que en la circunvalación de Brudeos (ellos la conocen como la rocade) se forman unos atascos importantes y, además, es la capital de Aquitania y en 2016 también sede de la Eurocopa. Es decir, mucha gente con coche.

En el caso de Bruselas me imaginaba algo parecido a Madrid con sus atascos, sus calles peatonales, las zonas “verdes” y “azules”, los parkings con precios desorbitados,… O lo que es lo mismo, una capital europea con un volumen de coches que supera su capacidad. Y si a eso le sumas la lluvia, el tranvía y las bicicletas (que en cuanto pasas la frontera española están en todas partes) pues has de armarte de paciencia mientras conduces y buscas una plaza para tu coche.

Por lo tanto, el planteamiento es el siguiente: nosotros utilizamos el coche para viajar, para llegar de un punto a otro, pero no tiene que llevarme hasta el mismísimo Coliseo. Por eso, en la mayor parte de los sitios que hemos visitado (excepto la parte de Normandía), nos hemos alojado en sitios a las afueras y después nos hemos desplazado en transporte público o a pie.

Aparcar en Francia


En el caso de Burdeos, ya os comenté que el B&B estaba algo alejado del centro turístico y que, aún así, tuvimos aparcamiento privado incluido en el precio. Una gozada. Para desplazarnos al centro, el B&B estaba muy cerca de una parada de tranvía aunque nosotros optamos por desplazarnos a pie.

En Normandía, visitamos sitios que eran bastante turísticos pero donde el turismo masivo no existe, con lo cual no tuvimos problemas para aparcar incluso en el mismo centro de Bayeux, donde hay “zona azul” aunque cuando aparcamos ya no era hora. En sitios como el cementerio americano, la playa de Omaha o Pointe du Hoc hay aparcamientos habilitados gratuitos y muy amplios, incluso clasificados por tipo de vehículo, ya que en esta zona es muy común encontrar gente viajando en caravanas.

En Brujas también nos alojamos a las afueras de la ciudad, en un barrio residencial. Para llegar al centro había varios autobuses directos pero de nuevo decidimos hacer el trayecto a pie, ya que era bastante asumible.

Aparcar en Bruselas


Antes de salir, ya sabía que el punto más dificultoso iba a ser Bruselas. En un principio, pensé que podríamos ir también en tren y así evitarnos dar vueltas y más vueltas para aparcar o pagar un dineral por tener todo el día el coche aparcado en un parking. Pero, buscando por Internet, descubrí una iniciativa que es muy común en ciudades europeas que apuestan mucho por la movilidad y el transporte sostenible: los P+R (park and ride), espacios habilitados en las afueras de las ciudades para aparcar el coche. Este tipo de aparcamientos disuasorios se llevan mucho en Bélgica y sobre todo en Holanda, donde las bicicletas y el transporte público son las estrellas.

Los P+R que encontré en Bruselas son gratuitos y están cerca de alguna forma de transporte público. En esta página podéis consultar un mapa para localizarlos. Únicamente tenéis que seleccionar la opción “parkings de transit” y quedan marcados con un recuadro en verde y la letra P. En total, Bruselas cuenta con siete P+R gratuitos, todos conectados con una estación de metro o de tranvía.

En concreto, son estos: al oeste de la ciudad, Lennik (Erasme) con una capacidad de 100 vehículos y al lado del metro Erasme y Ceria, con una capacidad de 200 vehículos y al lado del metro del mismo nombre; al suroeste, Stalle con una capacidad de 400 vehículos y cercano a la línea Tram 4; en el sureste, Delta con una capacidad de 350 vehículos y cercano al metro Delta y Hermann-Debroux, con capacidad para 200 vehículos y al lado del metro con el mismo nombre; por último, al este, se encuentran los aparcamientos de Roodebeek, con 183 plazas y al lado del metro Roodebek y de Kraainem con 172 plazas y al lado del metro Crainhem.

En total, más de 1.600 plazas de aparcamiento gratuito a las afueras de la ciudad y lo mejor, cercanas al transporte público para llegar a la zona más turística de la ciudad en un santiamén.

Nosotros aparcamos en Ceria porque era el que mejor nos quedaba al venir de Brujas. Además, Ceria se corresponde con la línea 5 de metro, que lleva al centro de la ciudad (Gare Centrale) en menos de 20 minutos. Es cierto que a las 11 de la mañana cuando llegamos (era viernes) el aparcamiento estaba ya bastante lleno aunque logramos encontrar una plaza.

Por lo que vi, es recomendable llegar prontito para coger sitio porque este aparcamiento también es muy buena opción para la gente que vive allí y tiene que desplazarse al centro a trabajar.

Aún así, en el enlace al mapa que os he dejado más arriba también podéis ver los parkings públicos que hay en la ciudad que, aunque sean de pago, son una alternativa si quieres ir a la ciudad en coche.

miércoles, 24 de agosto de 2016

Viajar a Bélgica en coche. Etapa 5: Bruselas

El día que decidimos ir a Bruselas primero pensamos hacerlo en tren porque el problemilla con el coche estaba muy reciente y nos daba un poco de reparo. Desde la estación de Brujas salen regularmente trenes que en una hora más o menos te dejan en Bruselas. El precio ida y vuelta ronda poco menos de 30 euros e incluso se puede comprar un billete que te permite bajar en Gante, pasear por la ciudad y después continuar con tu trayecto.

No obstante, antes de salir de Madrid me había informado sobre el tema aparcamiento en Bruselas y había conocido una iniciativa muy de moda en las capitales europeas: los P+R (park and ride). Los P+R son espacios habilitados en las afueras de las ciudades para aparcar el coche. En Bruselas los que yo vi son gratuitos y están cerca de alguna forma de transporte público.

En esta página podéis consultar un mapa para localizarlos. Únicamente tenéis que seleccionar la opción “parkings de transit” y quedan marcados con un recuadro en verde y la letra P. En total, Bruselas cuenta con siete P+R gratuitos, todos conectados con una estación de metro o de tranvía.

Mapa con los P+R en Bruselas

Calculando que nos íbamos a gastar un total de 60 euros en la ida y la vuelta en tren, decidimos poner a prueba el coche y desplazarnos hasta Bruselas en nuestro Seat León recién reparado. Por ello, tras desayunar, disfrutar de un simpático desayuno con los huéspedes del B&B Antares y despedir a la pareja norteamericana, que continuaba su viaje, programamos el GPS (os hablaré de él en otra entrada, es un invento maravilloso y no tiene nada que ver con el GPS del móvil) y pusimos rumbo a Bruselas.

Rumbo a Bruselas


En Bélgica las autovías son gratuitas y lo cierto es que son bastante buenas a pesar de que había leído comentarios diciendo que eran peor que las de Francia. Bueno, la comparación creo que no cabe porque la mayor parte de las autopistas de Francia son de peaje y, desde luego, lo que sí encontramos en tierras francesas fueron menos coches. También es verdad que la media langosta me comentó que se diferencian bastante en la conducción en mojado y, en este sentido, las carreteras belgas son más parecidas a las españolas. Son seguras pero están más transitadas por ser gratuitas y eso se nota.

El caso es que el día que decidimos ir a Bruselas llovía bastante y había bastante tráfico. Además, encontramos algún que otro accidente menor en la carretera. Habíamos decidido aparcar en el P+R de Ceria, con una capacidad de 200 plazas, y al lado de la estación de metro del mismo nombre. En cuanto entramos en Bruselas por las afueras notamos la congestión de tráfico, como en la M-30 o en la M-40 madrileñas. De ahí que reivindique la utilidad del GPS en este tipo de desplazamientos, ya que tienes que estar muy pendiente de todo lo que sucede alrededor y el aparato es el que se ocupa de decirte por dónde has de ir.

Al final, encontramos sin problema el aparcamiento, que estaba bastante lleno a las 11 de la mañana aproximadamente. Me recordó a algunas estaciones que frecuento en Madrid y que se llenan pronto por la mañana porque la gente se desplaza con su coche hasta allí, lo aparca y después coge el  Cercanías. La estación de Ceria es algo así.

Finalmente encontramos un buen sitio para aparcar, el único que estaba disponible y allí que dejamos el León. No nos resultó difícil llegar hasta allí ni aparcar. Buena elección ir en coche.


Cogemos el metro para llegar al centro de la ciudad


Una vez aparcado el coche, fuimos a la estación de metro y cogimos un plano. La estación de Ceria corresponde a la línea 5 de metro y va directa al centro. Hay trece estaciones hasta Gare Centrale. Tardamos unos 20 minutos en total en llegar y el billete nos costó 2,10 euros por persona.

Estación de metro de Ceria


Supongo que habrá zonas más viejas que otras pero a mí me pareció que el Metro estaba bastante correcto (más viejito me pareció el de París y más en pañales el de Roma). Lo que sí noté fue la misma sensación que tuve en los meses posteriores al atentado del 11-M. Y es que como todos sabréis en Semana Santa de 2016 Bruselas sufrió una serie de atentados en algunas de las infraestructuras de transporte más importantes de la ciudad: el aeropuerto y la estación de metro de Maelbeek, cerca de las instituciones europeas.

La desconfianza se palpa en el ambiente y, de hecho, nos comentaron que el turismo había bajado mucho en Bélgica este verano. Además, justo en el mes de junio, unos días antes de partir a nuestro destino, hubo varias noticias de detenciones por querer atentar en el país y una amenaza de bomba finalmente falsa en un centro comercial.

Todo esto te hace estar alerta e incluso sentir miedo. En algunas ocasiones incluso puede haber quien se retraiga y deje de viajar a este sitio o a otro que haya sufrido algo semejante. Es entendible, claro que sí, por lo menos yo lo entiendo, pero al mismo tiempo me entristece bastante.


Visit Brussels


La llegada a la Gare Centrale de Bruselas nos abrió las puertas a una capital europea lluviosa. A las puertas escuchamos hablar a una pareja de españoles con una maleta y les preguntamos si sabían por dónde se iba al Grote Markt y al Mennakken Pis. Nada, estaban igual de perdidos que nosotros, así que continuamos dando vueltas porque sabíamos que estábamos cerca, aunque no éramos conscientes de cuánto de cerca.

Antes de nada hicimos una parada técnica para visitar un lavabo. Que sepáis en los sitios donde entramos para este menester nos cobraron 50 céntimos por persona. Aunque consumas, tienes que pagarlo. La medida no es algo que quede muy bien de cara al turismo, la verdad, así que aquí queda mi queja.

Normalmente me gusta mucho más patear las ciudades de arriba abajo pero como empezó a llover considerablemente y las zonas turísticas de Bruselas están muy retiradas unas de otras (la zona centro de las instituciones europeas y del Atomium), decidimos coger el bus turístico. El precio que tiene es de 25 euros por persona para un día. Puedes subir y bajar las veces que quieras, puedes usarlo en las dos líneas que recorren la ciudad y tienen una duración de 75 minutos cada una.

Comenzamos con la ruta que va al Atomium. Ya sabéis que los autobuses turísticos son estos rojos de doble piso. No están mal acondicionados pero hay detalles un poco raros como que el cable del auricular que te dan es más corto de lo que sería necesario para enchufarlo en los primeros asientos o que incluso algunas clavijas están rotas y no funcionan. Además, en la parte delantera de arriba, al lado de los cristales frontales, los autobuses no tienen limpiaparabrisas, por lo que si llueve, como era el caso, lo veíamos todo con las gotas de la lluvia. Según nos dijo el conductor los autobuses están hechos en Ourense, y parece ser que es así (aquí queda la sugerencia de los limpiaparabrisas).

Estuvimos un rato esperando la salida del autobús, ya que tienen un horario determinado y nosotros llegamos de los primeros. El conductor parecía sacado del Crazy Taxi y puesto que el tráfico era bastante denso, hizo mucho uso del freno y del claxon.

Lo que más me gustó de la línea 1, sin duda, fue llegar al Atomium. Es tan impresionante por fuera como dicen aunque no llegamos a entrar. El Atomium es una estructura de 102 metros de altura construida para la Exposición General de primera categoría de Bruselas de 1958 y representa un cristal de hierro ampliado 165 mil millones de veces. Además, está formado por nueve esferas de acero de 18 metros de diámetro.

Llegada al Atomium desde el bus turístico


De vuelta al centro de la ciudad nos bajamos en la parada del Manneken Pis para verlo más de cerca. No tuvimos que callejear demasiado, además la cantidad de turistas por los que está rodeado lo delatan enseguida. El tamaño del Manneken Pis es de 61 centímetros pero lo más llamativo es que le visten con diferentes trajes dependiendo de las diferentes efemérides del día. En nuestro caso, como era 1 de julio, le habían puesto un bañador y un flotador , dando la bienvenida al verano.

El Manneken Pis da la bienvenida al verano


Después del Manneken Pis callejeamos bastante y visitamos el Grote Markt o Grand Place de Bruselas, una preciosa plaza al estilo de la que habíamos visto el día anterior en Brujas pero mucho más grande. La verdad es que todo es tan bonito que no sabes hacia dónde mirar pero todo en conjunto es precioso. Prueba a dar una vuelta de 360 grados sobre ti mismo. Verás la magia que produce.

Grand Place o Grote Markt de Bruselas


En la Grand Place está situada la oficina de turismo y allí compramos un plano para situar algunas de las cosas que queríamos ver, como Jeanneke Pis, la versión femenina del Mennaken Pis que no encontramos por ninguna parte por tres razones: nos despistamos mirando los escaparates de las tiendas de chocolates, waffles y demás delicias belgas; no es un sitio tan frecuentado por turistas; y perdimos la orientación en un momento dado. No pasa nada. Buena excusa para volver.

Tras haber probado los waffles (con extra de nata y fresas, jeje) decidimos volver a coger el autobús, esta vez para realizar el recorrido 2, el que conduce a las sedes de las instituciones europeas. Esta vez pudimos ponernos un rato en la parte descubierta del autobús aunque no duró mucho porque empezó a caer de nuevo y corriendo tuvimos que bajar. El autobús nos llevó sorteando el importante tráfico a la zona donde están los edificios europeos y vuelta para la ciudad.

Sede de la Comisión Europea

De nuevo, callejeamos por el centro de Bruselas y compramos más chocolates para traer de recuerdo. Cayendo ya la tarde, volvimos a la Gare Centrale para coger de nuevo el metro hasta Ceria. Por la boca de metro por la que entramos no había taquilla como tal y se podía pasar directamente al andén. Luego nos dimos cuenta de que a la entrada, muy discreta, había una pequeña máquina expendedora. Así que cogimos de nuevo dos billetes, 4,20 euros ambos y a esperar el metro de vuelta.

Llegar hasta el coche nos llevó otros 20 minutos y a la salida nos sorprendió una nube repleta de agua y fuerza, tanto que tuvimos que esperar un rato sentados en el coche. Cuando escampó un poco, programamos de nuevo el GPS y de vuelta a Brujas con mucha prudencia porque aunque había dejado de llover bruscamente aun caía bastante agua.

Ya en Brujas decidimos comprar algo para cenar en el Carrefour, dar una vuelta por allí y después al B&B Antares. Llevábamos cinco intensos días recorriendo sitios de arriba hacia abajo y estábamos tremendamente cansados, así que cena, fotos, actualización a la familia y cama. ¡Qué cansancio! Mañana último día en Bélgica y otra vez a rodar hacia Francia, donde descubriremos uno de sus pueblos más bonitos.

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jueves, 18 de agosto de 2016

Problemas con el coche en el extranjero: cómo actuamos

En nuestro viaje a Bélgica en coche, mi media langosta y yo tuvimos un problemilla con el coche. Podéis leer el relato completo de la jornada en la que notamos que algo raro pasaba y del día siguiente, cuando arreglamos la avería en el taller.

Parte europeo de accidentes
El caso es que nos quedamos sin batería en el coche en Bélgica aunque, antes de saber que era ese el problema, temimos que pudiera ser algo más gordo. Afortunadamente nuestro incidente se resolvió de manera rápida, satisfactoria y más o menos económica, pero necesitamos echar mano de nuestro seguro de coche.

Por eso, si estás pensando en viajar al extranjero con tu coche, infórmate bien previamente de las características de tu póliza y ten en cuenta algunas cuestiones como de las que voy a hablar a continuación.


Antes de salir de viaje: ¿Necesitas la Carta Verde?


Antes de salir de viaje al extranjero con el coche, lo primero que hice  fue consultar si iba a necesitar la Carta Verde, que es un documento (de color verde, jeje) que certifica que un vehículo está asegurado contra daños a terceros fuera de su país de origen.

Según Ofesauto, la Oficina Española de Aseguradores de Automóviles, “por ley no es preciso disponer de la Carta Verde para cruzar fronteras en la Unión Europea. Esto es así puesto que cada país de la Unión Europea cumple con lo establecido en la I Directiva: cada póliza de seguro de automóvil emitida en la UE garantiza la cobertura mínima de seguro requerida por ley en otro estado miembro”.

Además, la Carta Verde tampoco es necesaria para estos países (aunque no forman parte de la UE): Croacia, Islandia, Noruega, Suiza (incluyendo Liechtenstein) y Andorra. En cambio, sí  que es requerida para viajar a Albania, Azerbaiyan, Bosnia y Herzegovina, Bielorrusia, Israel, Irán, Macedonia, Marruecos, Moldavia, Montenegro, Rusia, Túnez, Turquía y Ucrania.

Para cerciorarme de que no necesitaba este documento, consulté directamente en mi aseguradora. En el sitio web de la mía, que es la Mutua Madrileña, hay una página dedicada a los viajes al extranjero en la que te explican cuáles son los países acogidos al Convenio Multilateral de Garantía sobre la cobertura de Responsabilidad Civil Obligatoria. Nosotros viajábamos a Bélgica desde España, por lo que no necesitamos hacer nada con respecto a la Carta Verde.


Qué documentación me llevo


Como buena viajera precavida que soy, me aseguré de que entre los papeles del coche estuvieran el condicionado de la póliza y el último recibo de haber pagado el seguro, además del documento de la ITV, la ficha técnica del vehículo, las últimas revisiones, el impuesto local conocido como “numerito”… En definitiva, todo lo que se me fue pasando por la imaginación con respecto a todo lo que tuviera que ver con el coche.

Partes europeos amistosos de accidentes


También me aseguré de que llevábamos partes europeos. Nunca habíamos tenido la necesidad de utilizar uno pero hace unos años, en nuestro roadtrip por Portugal, un policía nos paró en Carcavelos y ¡sorprendentemente! nos pidió un parte europeo para un vehículo vecino que había sufrido un incidente. Así que desde entonces (año 2012) solo llevábamos un parte.

Para conseguir partes europeo tenía dos vías: pedir por teléfono y que me los enviaran por correo ordinario a casa (cosa que hice después del viaje) o descargarme unos por internet e imprimirlos. Y esta última fue la opción que escogí. Los descargué directamente de la página de la Mutua Madrileña pero también los encontré en Ofesauto.

Si tienes dudas, puedes incluso acercarte a alguna oficina de tu aseguradora.

Ya tengo el papeleo, ¿ahora qué?: Revisa tu póliza 


Cuando notamos en Francia que algo iba mal con el coche, lo cierto es que yo estaba la mar de tranquila. Evidentemente no quería quedarme tirada en cualquier sitio pero sabía que tenía una cobertura de asistencia en viaje en el extranjero con mi aseguradora bastante completa. Antes de salir, me informé bien de todo lo que me cubría el seguro que, con cuatro años que tiene el coche, todavía es a todo riesgo.

El coche  tiene asistencia por avería, accidente, falta de combustible, pérdida  de llaves o pinchazo. Y para los que viajan en el coche, cuando no pueda seguir circulando, también incluían los gastos de hotel  (60 euros por persona y día con un máximo de 10 días).

Nos quedamos sin batería, ¿cómo actuamos?


Lo que tengo claro es que con cualquier problema con el coche en el extranjero, lo primero que hago es llamar a  mi compañía de seguros para que me asesore. En nuestro caso, llegamos a Bélgica (en concreto a Brujas, lugar donde nos íbamos a alojar) y fue allí cuando comprobamos que el coche no arrancaba.

Entonces llamé a la Mutua Madrileña y todo fue coser y cantar. Yo ya había apuntado el número de teléfono en mi móvil (algo que te recomiendo hacer) y enseguida la persona que me atendió me pasó con el departamento de internacional. Me atendieron en castellano y, según cuentas lo sucedido, te van diciendo los pasos a seguir. Tranquiliza mucho la atención y la seguridad que trasmiten.

Después me llamó alguien de la delegación de Bélgica. El hombre nos atendió también en castellano y nos dijo que enviarían una grúa en media hora. Y sí, media hora fue lo que tardó el chico de la grúa en llegar (previamente me había llamado al móvil para decirme que estaba llegando). Cuando llegó, hizo unas comprobaciones y enseguida determinó que lo que estaba fallando era la batería. Arrancó con las pinzas, et voilá, el coche funciona.

Al día siguiente tuvimos que volver a llamar y repetir la operación porque en ese momento los talleres estaban ya cerrados. Así que por la mañana volvimos a llamar y repetimos la operación. Tardaron un poco más en llegar porque había más demanda de la grúa a esas horas pero al cabo de un rato llevamos el coche a un Auto 5 (el Norauto español) e hicieron el cambio de batería muy diligentemente.

Además lo que más nos tranquilizó es el seguimiento que hacen desde la compañía aseguradora. Te llaman para ver si estás bien y si necesitas algo, cosa que se agradece. Están pendientes en todo momento. Punto para ellos.

Tengo problemas con el coche en el extranjero y no sé qué cubre mi seguro


Si tienes problemas con el coche en el extranjero y no has revisado las condiciones del seguro, llama a tu compañía igualmente para que te expliquen qué pasos puedes dar, seguro que ellos te pueden ayudar de alguna forma. Lo importante es estar en calma porque las cosas, de una manera u otra, seguro que se arreglan.

miércoles, 17 de agosto de 2016

Viajar a Bélgica en coche. Etapa 4: Brujas

A la mañana siguiente, ya en Brujas, lo primero que hicimos fue una ducha para despejarnos y bajar a desayunar. Bart y Ann, los anfitriones del B&B Antares, ya estaban preparándolo todo y atendiendo a otra de las parejas que se hospedaban allí esos días. Nos sentamos a la mesa y enseguida nos trajeron leche caliente con chocolate para mí y leche fría con chocolate para la media langosta. Esto nos lo habían preguntado la tarde anterior y ¡se acordaron! Fue un detalle que me encantó, la verdad. Además de la leche, nos propusieron tomar huevos, embutidos, zumo, bollería reciente, pan, mermeladas, chocolates, fruta fresca (cada día había una diferente),… Menudo despliegue, ojalá todos los días fueran así, jejeje.

Delicious Bruges

Descubriendo sitios nuevos mediante conversaciones


Además de la comida, que estaba riquísima, de lo que más disfruté aquellos días fue de la conversación con el resto de huéspedes. Se trataba de dos parejas de cierta edad (alrededor de 60 años) una americana y otra canadiense. La pareja americana estaba haciendo un circuito en coche desde Alemania mientras que los canadienses (que por cierto, celebraban 44 años de casados) también recorrían Europa pero con otro fin: terminar en Belfast, en Irlanda, para ver a la familia.

En un momento de su conversación (ellos llevaban ya varios días desayunando juntos) nos preguntaron a nosotros que de dónde éramos. Madrid. Ohhh, calor. Sí, mucho calor, nada que ver con las temperaturas en Brujas, mucho más bajas de lo normal y acompañadas de mucha lluvia, según nos comentó Bart.

Así que una cosa llevó a la otra y al final mantuvimos una amena charla en inglés (yo iba traduciendo a la media langosta) sobre nuestra procedencia, nuestros destinos, el problemilla que teníamos con el coche y la vida en general. Reflexionamos sobre la merma de viajeros este año a Bélgica debido al atentado de Bruselas en Semana Santa y concluimos que lo que queremos todos es vivir en paz. Uno de los hombres dijo algo que me pareció precioso: todos somos hermanos.

La experiencia del desayuno en el B&B desde luego es una de las mejores de este viaje porque no me esperé nunca aprender tanto de la gente con la que compartí la mesa. Además, como eran gente ya con cierta experiencia y amantes de los viajes, esto me sirvió para expandir mi mente, ver las cosas desde diferentes puntos de vista, algo que realmente me encanta.

Tras el desayuno, nos tocaba ponernos en marcha pero primero teníamos que arreglar el tema del coche. Salimos a intentar arrancarlo pero nada, ni mú. Así que nos tocó llamar de nuevo a la Mutua Madrileña para que se pusiera la maquinaria en marcha y nos enviaran de nuevo la grúa para arrancarlo con las pinzas. Nos dijeron que tardarían alrededor de una hora, así que mientras tanto, Ann, la anfitriona del B&B Antares, nos ayudó a buscar un taller cerca de la zona. Nos acercó hasta un concesionario de una marca diferente a la de nuestro, pero allí mismo el dueño nos recomendó ir a un taller Seat.

Dando un paseo por Sint Andries


Volvimos al B&B a esperar a la grúa, que tardó algo más de lo previsto, así que decidimos hacer una excursión por el barrio y hacernos algunas fotos por si se nos fastidiaba el día y no podíamos hacer mucho. La zona en la que nos alojamos es un barrio residencial con unas casas unifamiliares preciosas. Muchas de ellas incluso estaban hechas de cristal, por lo que se podía ver el interior. Aquí en España no creo que ese concepto funcionara pero desde luego a mí me pareció ideal porque, además, desde dentro de la casa se puede ver todo el verde que rodea la zona, que es mucho por todo lo que llueve. También había un par de parques muy bien acondicionados con pequeños canales. Vamos, como para cambiarnos a vivir allí si no fuera por el pastizal que seguro vale una casa de ese estilo.

Zonas verdes en el barrio de Sint Andries

Una hora y media después, volvió de nuevo el chico de la grúa que nos había atendido el día anterior. Arrancó el coche con las pinzas y nos dijo que podíamos ir a un concesionario multimarca, ya que como solamente teníamos que cambiar la batería era probable que nos saliese más barato. Así que le dio unas cuantas explicaciones a Ann, un cielo de mujer, y ella misma nos guio con su coche a un Auto 5.

Una iglesia muy colorida en Sint Andries

Cambiando la batería del León


En el Auto 5, el chico que nos atendió, que por cierto sabía un poquito de español, nos dijo que no había problema, que nos cambiarían la batería y en 20 minutos tendríamos listo el coche. Oye, todo gente amable y servicial en Bélgica. Es un gusto. Y todos, absolutamente todos, hablan inglés y se esfuerzan al máximo por ayudarte. Incluso Ann se quedó con nosotros un rato para asegurarse de que no teníamos problemas y después me dejó su número de teléfono por si acaso la necesitábamos. Adorable.

El cambio de batería estuvo listo en tan solo veinte minutos y el chico nos preparó la factura. 152 euros, un precio que no nos pareció caro aunque sí que haciendo cuentas después con respecto al precio en España pagamos en torno a 30 euros más. El caso es que resulta que Auto5 es la marca de Norauto en Bélgica y que podemos hacer uso de la garantía aquí en España.

Resuelto el problemilla y con el coche en marcha, aparcamos en la puerta del B&B, nos colgamos la mochila a la espalda y a explorar Brujas todo el santo día.

Por fin: explorando Brujas


Cuando salimos del B&B Antares llovía un poquito pero llevábamos paraguas y esto no nos impidió hacer el recorrido hasta el centro histórico andando.

Puerta de la ciudad de Brujas


La bienvenida a la ciudad nos la dio una de las puertas y el agua de los canales. También aparecieron los adoquines, las casas de colores y con forma de escaleras en eltejado. Aparecieron también los sonidos y los olores: los sonidos metálicos de las campanas que nos indican la hora y que no, no se parecen a lo que estamos acostumbrados a escuchar aquí en España. Es un sonido más metálico, más ligero, más limpio, sin tanto eco; y los olores de la frituras, sobre todo de las patatas, y del chocolate. ¡Cuántas chocolaterías hay en Bélgica!

Chocolaterie de Burg


La subida desde la puerta al Grote Markt fue en línea recta. Allí nos quedamos encantados, dando vueltas sobre nosotros mismos, admirando las casas de colores, la majestuosidad de los edificios y una arquitectura tan diferente a la nuestra.

Grote Markt

Callejeando, encontramos de repente un pasadizo que desembocó en una zona de la ciudad donde los canales empezaban a cobrar el protagonismo que merecen. Y entonces me acordé del consejo que nos había dado el chico que nos atendió en Carlos Fritur: “Si podéis, recorred la ciudad por los canales, porque se ve de manera diferente”. Así que después de hacer una buena parte del recorrido turístico a pie, decidimos comprar unas entradas para hacerlo en barco. El precio de este paseo es de 8 euros por adulto.


Entradas paseo en barca por los canales

También se puede ir en carro de caballos pero en este caso el precio asciende a 50 euros por carro, en el que pueden ir a gusto 4 personas. Por cierto que la ciudad está bastante limpia a pesar de los caballos porque los carros llevan un sistema incorporado para recoger las cacas. Llamativo.

La media langosta y yo preferimos hacer el recorrido en barca y la experiencia fue alucinante. Lobo de Mar, como apodamos cariñosamente al capitán de nuestro barco, nos iba dando explicaciones someras de por dónde pasábamos y algo de contexto histórico. Lástima que no traducía al español porque éramos minoría  pero los comentarios eran en inglés, francés y alemán.

Tras este paseíto, que duró aproximadamente una media hora, volvimos a tierra firme y acabamos de recorrer lo que nos quedaba de la ciudad. Además, aprovechamos para hacer algunas compras de chocolate, y para tomarnos un tentempié muy belga: unas deliciosas patatas fritas con kétchup (la salsa no está incluida en el precio, va aparte).

Entra a comer patatas y waffles

Ya cayendo la tarde (es un decir porque hasta las 11 o así no se hace de noche completamente) nos sentamos en un parque a descansar y a admirar los canales cerca de la puerta de la ciudad. Después entramos a un Carrefour Exprés a comprar algo para la cena y pusimos rumbo de vuelta al B&B Antares. De nuevo, media hora andando.

A última hora de la tarde, duchita y cena. Actualización de estado a la familia y a dormir el cansancio acumulado. A soñar dormidos porque despiertos llevábamos soñando desde que salimos de Madrid.

¿Te ha gustado nuestra experiencia de viaje? No te pierdas el reto de nuestra aventura.

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jueves, 11 de agosto de 2016

Viajar a Bélgica en coche. Etapa 3: Bayeux-Brujas

Con los nervios y la ilusión del viaje, la mañana del miércoles me desperté muy pronto. Me aseé y eran como las 8 y media de la mañana cuando bajamos a desayunar. Como el día anterior, el anfitrión de la preciosa casa Le Petit Matin nos preguntó qué deseábamos desayunar y nos sentamos a la mesa. En esta ocasión tampoco tuvimos oportunidad de hablar demasiado con los huéspedes pero sí que mantuvimos una fluida conversación en inglés con el propietario acerca de los viajes, nuestro itinerario y su visita a Thailandia del año anterior.

Vistas de la Catedral de Bayeux 
Me sorprendí a mí misma porque los días anteriores me había costado horrores entender lo que me decían. Es cierto que el dueño de Le PetitMatin, aun teniendo un marcado acento francés, se esforzó mucho por hablar con una dicción más marcadamente inglesa. También es verdad que después de un par de días escuchando “franglés” mi oído se había hecho más fino y mi inglés se iba desoxidando.

Tras degustar el magnífico desayuno, que incluía los característicos croissants franceses recién hechos, mermeladas caseras, panes exquisitos,… nuestro anfitrión nos señaló en un mapa algunas zonas interesantes de Bayeux, entre ellos, la catedral y el tapiz (cosa por la que este lugar es muy famoso) pero nosotros continuamos con nuestro recorrido por las huellas de la IIGM.

Cementerio británico de guerra de Bayeux
En concreto, fuimos a visitar la zona en la que se instaló el Cementerio británico tras el Desembarco de Normandía. De nuevo nos encontramos con un espacio abierto alrededor de mucha naturaleza y con un importante número de lápidas correctamente alineadas (ya no eran cruces, como habíamos visto el día anterior en el cementerio americano).

Lápidas alineadas en el Cementerio británico de Bayeux

En Bayeux pudimos comprobar lo bien cuidadas que tienen las zonas ajardinadas (en consonancia con el resto de la ciudad). El cementerio estaba recién regado y destacaban entre tantas lápidas blancas las flores de color rosa y unas pequeñas cruces de madera que los visitantes ofrecen, en la mayor parte de las ocasiones con alguna frase, a los caídos en el Desembarco. Lo que más me llamó la atención fueron las lápidas a los soldados desconocidos. Y no debo de ser la única porque eran las que más crucecitas tenían a sus pies.

Un soldado de la guerra 1939-1946. Conocido por Dios
Tras visitar el cementerio, echamos un vistazo a una serie de tanques y otros homenajes que había en los alrededores. Al cabo de un rato, tuvimos que volver a por nuestro coche (por cierto, que casi dejo media puerta pegada en un bordillo muy alto, jeje) para irnos hasta el Pointe du Hoc, cerca de la Playa de Omaha. Al montar en el coche, notamos que había arrancado medio raro y nos quedamos algo preocupados. Hicimos parada técnica en un E-Leclerc para comprar víveres y algo de hielo para conservar las cosas en la nevera aunque no había ni ahí, ni en una gasolinera cercana.

Durante el trayecto hasta Pointe du Hoc, barajamos que el ruido que habíamos notado en el coche al arrancar quizá podía ser la batería o alternador, que estaba dando problemas, pero decidimos esperar a ver qué pasaba en la siguiente parada.


Pointe du Hoc


Pointe du Hoc es un enclave estratégico en la batalla en Normandía. Está situado cerca del mar y, según la historia, los Rangers, un cuerpo de élite del ejército estadounidense, escalaron hasta la cima utilizando cuerdas bajo el fuego de las fuerzas alemanas hasta conquistarla. Todavía se conservan los búnkers y hay múltiples hoyos en el suelo como consecuencia de los bombardeos.

Búnkers en Pointe du Hoc, con la playa al fondo
Llegamos al sitio a través de unas carreteras bastante estrechitas y pasamos por aldeas pequeñas súper chulas. Como todo en esa zona, el Pointe du Hoc, además de ser un sitio solemne por lo que representa, está muy preparado para los turistas y para conocer la historia (de forma gratuita). Allí nos esperaba un parking muy bien indicado, así que aparcamos aunque un poco moscas por lo que nos había pasado antes y disfrutamos de aquella visita.

Marcas de munición en las paredes de un búnker
Al entrar se pueden ver muchas hondonadas en el suelo. Primero pensábamos que eran resguardos para los soldados pero luego nos dimos cuenta de que eran pepinazos que habían dejado el suelo de aquella manera. Además, había tres búnkers conservados en los que pudimos entrar y comprobar que eran idóneos para vigilar la llegada de barcos por mar. También vimos muchas marcas de balas en las paredes e inscripciones haciendo referencia a los Rangers.

Búnkers en Pointe du Hoc vigilando el mar
Por cierto que había bastante gente y, como venía siendo costumbre, el español era un idioma bastante popular (mejicanos, españoles, etc.).

Problemas con el coche


De vuelta al coche, la media langosta sacó un aparato bastante viejuno que permite comprobar el estado de la batería y el alternador, por si hubiera sido ese el problema. Arrancamos el coche e hizo un ruido súper feo pero, al conectar el aparato al enchufe del mechero, nos indicó que todo estaba correcto.

Nuestro próximo destino iba a ser el Cementerio alemán de La Cambe, relativamente cerca del Pointe du Hoc, pero el problemilla del coche puso a la media langosta en alerta y no quiso parar. El problema que se olía es que al apagar el coche no volviera a funcionar porque aquello parecía: batería o alternador estropeados a pesar del aparato; bomba de gasoil tocada; o motor de arranque hundido por unos problemas de filtraciones de agua que acarrea el coche desde que lo compramos.

O sea, que si parábamos, nos podíamos quedar tirados en el cementerio alemán de La Cambe y tendríamos que llamar a la grúa desde allí. A mí este plan no me convencía, así que lo más sensato, y debido a que esta era nuestra última parada en Francia, era continuar hasta Brujas sin parar el motor. Por suerte, teníamos el depósito hasta arriba del día anterior. Y este pasó  a ser nuestro plan de viaje.

Rumbo a Brujas


Programé el GPS rumbo a Brujas. La primera parte del viaje la pasamos repasando los posibles fallos que podían tener el coche tras ese arranque tan chungo. Incluso barajamos que el depósito del gasoil, al estar literalmente hasta arriba, estuviera dando problemas a la hora de bombear el gasoil.

Al llegar a Rouen y pasar por el puente de Normandía, nos relajamos y seguimos disfrutando del viaje, ya que esta infraestructura es simplemente espectacular. No lo menciono mucho pero sabed que cada dos por tres teníamos que recoger tique de peaje y al final gastamos en este concepto 222,70 euros. Para pasar el puente de Normandía hay que pagar un peaje específico que cuesta alrededor de 5,20 euros, aunque merece la pena. La vista es increíble.

El puente de Normandía
Desde aquí hasta casi Brujas estuvo lloviendo continuamente y el máximo de velocidad fueron 110 kilómetros por hora. Paramos en una gasolinera turnándonos para visitar el baño y no apagar el motor del coche por si las moscas.

Continuamos, y a unos 100 kilómetros de la frontera con Bélgica hicimos otra parada para comer un bocata con los víveres que habíamos comprado en Bayeux. De nuevo lo hicimos sin apagar el motor aunque estuvimos tentados. Y menos mal porque esperar a  la grúa en esa gasolinera con lo que llovía, hubiera sido bastante incómodo.

Llegando por Calais vimos el acceso al Canal de La Mancha para pasar a Reino Unido y se notó un incremento del tráfico de camiones y también de coches y caravanas británicas. El viaje hasta llegar a Brujas la verdad es que es el que más largo se me hizo, en parte porque estábamos muy pendientes de lo que podía pasar al apagar el coche. Sin embargo, repasamos las opciones del seguro que tenemos, que está a todo riesgo y, efectivamente, entra la asistencia en viaje en el extranjero y con bastantes buenas condiciones, por cierto, tanto para los pasajeros como para el vehículo, así que la preocupación, al menos por mi parte, tampoco era excesiva.


¡Llegamos a Bélgica!


Y, después de muchos kilómetros de carretera que se me hicieron eternos, por fin pasamos la frontera y entramos en Bélgica y ya solo nos quedaba una hora para llegar a Brujas. Por fin estuvimos ahí en torno a las 5 y media de la tarde. Aparcamos en la puerta del B&B que llevábamos reservado, el B&B Antares, apagamos el motor y entramos en la casa.

La anfitriona, Ann, nos recibió con una estupenda sonrisa que no perdió en los días que estuvimos allí. En inglés nos explicó cómo podíamos llegar al centro de Brujas, ya que el B&B no estaba céntrico sino en un barrio a las afueras conocido como Sint Andries, nos recomendó sitios para cenar y nos enseñó la habitación. La nuestra era la habitación verde, muy amplia y moderna, con capacidad de hasta cuatro personas.

Por cierto que en este punto me di cuenta lo que había mejorado en solo tres días en comprensión y expresión en inglés. Además, a los belgas, por lo que sea, se les entiende perfectamente y me quedé encantada.

Nos quedamos tirados con el coche


Cuando nos acomodamos, nos picaba la curiosidad acerca del coche. ¿Arrancaría o sería solo una paranoia nuestra? Bajamos a ver y… ¡no arrancaba! Efectivamente, la intuición de la media langosta no había fallado. Al coche le pasaba algo. En ese momento me tocó tener  la mente fría. Calma, llamemos a la Mutua Madrileña. Llevaba el número en el móvil, porque nunca se sabe, marqué y, tras explicar el caso, me pasaron con el departamento de internacional. Un chico muy amable me atendió y tomó todos los datos y me informó de que me iban a mandar una grúa para comprobar que no fuera algo que se podía arreglar in situ. Unos minutos más tarde, el delegado en Bélgica de la Mutua Madrileña me llamó (por cierto que era un gusto porque el señor hablaba castellano) para indicarme que en media hora tendría una grúa en la dirección que le había dado. Y diez minutos antes de llegar, el chico de la grúa me avisó (en inglés) de que venía de camino. Un gusto de atención, vaya.

Los anfitriones del B&B Antares dudaban acerca de si la persona que enviaban sabría hablar inglés, ya que en esa zona de Bélgica, conocida como Flandes, se habla principalmente flamenco, pero no hubo ningún problema. El chico hablaba inglés muy bien y nos entendimos a la perfección (la mímica en estos casos también ayuda).

Lo primero que nos hizo fue girar el contacto y, solo con eso, nos dijo que lo más probable es que fuera la batería. Así que sacó las pinzas, las colocó, volvió a dar al contacto y… ¡el coche funciona! Comprobó el alternador porque la media langosta tenía dudas pero parecía que no, que el problema estaba en la batería.

Nos dijo que podía ser que al día siguiente pudiéramos arrancar el coche con la carga que tenía pero que, si no, volviéramos a llamar a la aseguradora y que volvería a ponernos las pinzas de nuevo para arrancar. Le dimos las gracias, firmamos el papel y ya más tranquilos buscamos un sitio para comprar algo de cenar.

Finiquitando el día


A pesar de que estábamos súper cansados, dimos una vuelta por el barrio, que no es más que un barrio residencial pero bastante bien cuidado, y llegamos a un sitio que se llamaba Carlos Fritur, donde había todo tipo de comida frita y las tan famosas patatas fritas belgas. Dos hamburguesas y una de patatas para llevar. El chico que nos atendió fue súper amable, nos invitó al queso de las hamburguesas y, mientras preparaba la comida nos preguntó de dónde éramos y llegamos a hablar de sus vacaciones: había estado unas semanas antes nada menos que ¡en Botsuana! Nos confesó que le gustaba mucho la naturaleza y que hacía continuamente ese tipo de viajes. Le recomendamos que visitara la zona norte de España y volvimos al B&B Antares deshaciendo nuestros pasos.

De camino, nos llamó desde España la persona de la Mutua Madrileña que nos había atendido y le comentamos que todo estaba OK. Arrancamos otra vez el coche para ver si funcionaba y sí, arrancó. Craso error del que nos dimos cuenta al día siguiente. Perdimos nuestra última baza y el jueves por la mañana nos tocó esperar otra vez a la grúa antes de ir al taller.


Por fin en la habitación, ropa cómoda y comida. Un poco de televisión para enterarnos de las cosas (había canales internacionales y pudimos sintonizar La 1 –también emitían la final de Masterchef, a la que estaba totalmente enganchada-), contacto  con los familiares sin contarles nuestra odisea con el coche para no preocupar, envío de fotos, apertura de cama, y a dormir hasta el día siguiente. Pero, ¿en este país cuándo se hace de noche? Las 11. Cierre de pestañas. Hasta mañana.

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