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viernes, 28 de octubre de 2016

¿Qué es un Bed and Breakfast (B&B)? Nuestra experiencia

Los campamentos base de toda la experiencia francesa y belga los asentamos en B&B. Ya os he hablado de todos en los que estuvimos en cada una de las jornadas (en este post los veremos de nuevo) pero, ¿qué es exactamente un B&B?


Foto: unplash.com

B&B es el acrónimo de la expresión inglesa de Bed & Breakfast, que en castellano quiere decir Cama y Desayuno. Y son exactamente eso: alojamientos en los que te ofrecen cama y desayuno. La peculiaridad es que estos B&B suelen ser casas inmensas en las que viven los propietarios y de las que destinan una parte a alojar huéspedes.

En sus inicios era algo parecido, aunque más informal, a lo que es ahora Airbnb: alguien que tenía disponible alguna habitación en su casa la alquilaba a gente que estaba de paso. He leído incluso que se compartía el baño con los anfitriones, aunque hoy en día quedan pocos sitios así; ya no es muy común compartir inodoro o ducha con la gente que te alquila la habitación.

La tradición también decía que, como se trataba de habitaciones de más, eran sitios baratos y muy modestos. Y, aunque seguro que los habrá, en los B&B que la media langosta y yo nos alojamos en Francia y Bélgica, son lugares espectacularmente bonitos, acogedores, con todas las comodidades pero no más baratos que un hotel convencional.

Entonces, ¿cuáles son las ventajas de alojarse en un B&B si no son más baratos? Las ventajas principalmente son: la atención, la familiaridad, la ubicación y la exclusividad. Me explico:

  • Atención porque en los B&B no hay muchas habitaciones y los anfitriones te tratan con mucho mimo. Es común que te reciban a la llegada, que te pregunten por los planes del día,… 
  • Es familiar porque cada mañana te preparan el desayuno a tu gusto y lo tomas alrededor de una mesa grande con el resto de huéspedes
  • La ubicación es perfecta, al menos para nosotros cuando viajamos con el coche, porque no suelen estar en el centro de las ciudades sino en áreas residenciales o pueblos poco masificados y se aparca genial. Tampoco hemos encontrado problemas de desplazamiento porque siempre había transporte público muy cerca. 
  • Y es exclusivo porque las habitaciones no suelen ser clones las unas de las otras. Tienen su propia personalidad como por ejemplo colores o mobiliario diferente. 
Os puedo decir que en los tres B&B en los que nos hospedamos durante nuestro viaje por Francia y Bélgica la experiencia fue una pasada aunque también os remarco que el precio no era lo que se dice barato.

También existen algunas desventajas, no nos vamos a engañar. Entre ellas están que en la mayor parte de los B&B, al ser en un principio casas particulares, no hay ascensores y te toca subir la maleta a pata por la escalera. También suele haber restricciones de horario en cuanto a la llegada, por ejemplo, o pueden estar situados lejos de las zonas de mayor interés turístico.


B&B en nuestra aventura por Francia y Bélgica


Los tres B&B en los que nos alojamos en Francia y Bélgica fueron, por orden de llegada el Bordeaux Cosy B&B (Burdeos), Le Petit Matin (Bayeux) y Antares (Brujas). Los tres eran sitios estupendos pero hubo algunas cosas que me gustaron más en uno que en otros y viceversa.

Bordeaux Cosy B&B (Burdeos, Francia)


Ventajas: El Bordeaux Cosy B&B tenía una habitación fantástica, amplia y muy acogedora y una terraza preciosa con vistas al jardín de la casa y a la piscina. Además, tuvimos aparcamiento privado incluido en el precio de la habitación y esto, siempre que vas con el coche, es una súperventaja. Otro punto a su favor es que, en todo momento, el anfitrión de la casa me mantuvo informada de todo a través de correo electrónico.

Vistas al jardín y la piscina desde la habitación
Inconvenientes: Estaba algo retirado de la parte más turística de Burdeos, aunque cerca había una parada de tranvía. El desayuno estuvo bien pero no logré conectar 100% con el anfitrión ni con el resto de huéspedes. He de decir que estuvimos alojados solo una noche pero es que no comprendía muy bien su inglés y nos perdimos bastante.

Le Petit Matin (Bayeux, Normandía, Francia)


Ventajas: Desde luego, Le Petit Matin fue el B&B más encantador y bonito en el que estuvimos. Creo que no puedes encontrar nada parecido yendo a sitios muy visitados y grandes ciudades. El encanto precisamente era que la construcción de la propia casa es espectacular. Eso, sumado al encanto del pueblo, Bayeux, a la decoración y al exquisito trato del anfitrión, da como resultado una estancia de ensueño, como que no te lo crees. Además, en el desayuno el anfitrión fue súper amable, nos sirvió cosas muy ricas y recientes y estuvimos hablando con él un buen rato en un inglés que ya entendía perfectamente.

Decoración de la habitación doble superior Rose Bombom

Inconvenientes: No le puedo poner peros. Lo he estado pensando pero es que, quitando el tema escaleras y maletas, fue una elección perfecta.

Vistas desde la habitación al jardín

Antares (Brujas, Bélgica)


Ventajas: Qué puedo deciros del B&B Antares. Si ya habéis leído la crónica del viaje, sabréis que al llegar a Brujas nos quedamos sin batería en el coche. Ann, la anfitriona nos ayudó en todo momento, nos hizo de traductora, nos llevó en su coche hasta el taller y hasta estuvo con nosotros hasta que se aseguró de que nos arreglaban el coche. Siempre con una sonrisa, con generosidad y predisposición. Los bonitos gestos que Ann y Bart tuvieron con nosotros nos dieron una tranquilidad enorme y confianza en la buena gente. Además, los tres días de desayuno en este B&B los compartimos con dos parejas, una americana y otra canadiense, y no lo pudimos pasar mejor enredándonos entre conversaciones, anécdotas y experiencias. Recuerdo lo estupendamente bien que me sentí.

Inconvenientes: Para mí no fue una desventaja en sí misma ya que lo busqué así pero Antares está en una zona residencial de Brujas a una media hora andando o 10 minutos en bus del centro.

B&B (Niort, Francia)

El B&B Hôtel Niort Marais Poitevin, el alojamiento de Niort, no es exactamente un B&B al uso. Es más bien un hotel pero de la cadena B&B. Lo denominan así porque, en realidad, están situados en sitios de paso y también dan cama y desayuno pero es una cadena hotelera. De todas maneras, es un sitio limpio y se desayuna en condiciones, así que si tienes alguna vez uno al lado, no es mala opción.

miércoles, 17 de agosto de 2016

Viajar a Bélgica en coche. Etapa 4: Brujas

A la mañana siguiente, ya en Brujas, lo primero que hicimos fue una ducha para despejarnos y bajar a desayunar. Bart y Ann, los anfitriones del B&B Antares, ya estaban preparándolo todo y atendiendo a otra de las parejas que se hospedaban allí esos días. Nos sentamos a la mesa y enseguida nos trajeron leche caliente con chocolate para mí y leche fría con chocolate para la media langosta. Esto nos lo habían preguntado la tarde anterior y ¡se acordaron! Fue un detalle que me encantó, la verdad. Además de la leche, nos propusieron tomar huevos, embutidos, zumo, bollería reciente, pan, mermeladas, chocolates, fruta fresca (cada día había una diferente),… Menudo despliegue, ojalá todos los días fueran así, jejeje.

Delicious Bruges

Descubriendo sitios nuevos mediante conversaciones


Además de la comida, que estaba riquísima, de lo que más disfruté aquellos días fue de la conversación con el resto de huéspedes. Se trataba de dos parejas de cierta edad (alrededor de 60 años) una americana y otra canadiense. La pareja americana estaba haciendo un circuito en coche desde Alemania mientras que los canadienses (que por cierto, celebraban 44 años de casados) también recorrían Europa pero con otro fin: terminar en Belfast, en Irlanda, para ver a la familia.

En un momento de su conversación (ellos llevaban ya varios días desayunando juntos) nos preguntaron a nosotros que de dónde éramos. Madrid. Ohhh, calor. Sí, mucho calor, nada que ver con las temperaturas en Brujas, mucho más bajas de lo normal y acompañadas de mucha lluvia, según nos comentó Bart.

Así que una cosa llevó a la otra y al final mantuvimos una amena charla en inglés (yo iba traduciendo a la media langosta) sobre nuestra procedencia, nuestros destinos, el problemilla que teníamos con el coche y la vida en general. Reflexionamos sobre la merma de viajeros este año a Bélgica debido al atentado de Bruselas en Semana Santa y concluimos que lo que queremos todos es vivir en paz. Uno de los hombres dijo algo que me pareció precioso: todos somos hermanos.

La experiencia del desayuno en el B&B desde luego es una de las mejores de este viaje porque no me esperé nunca aprender tanto de la gente con la que compartí la mesa. Además, como eran gente ya con cierta experiencia y amantes de los viajes, esto me sirvió para expandir mi mente, ver las cosas desde diferentes puntos de vista, algo que realmente me encanta.

Tras el desayuno, nos tocaba ponernos en marcha pero primero teníamos que arreglar el tema del coche. Salimos a intentar arrancarlo pero nada, ni mú. Así que nos tocó llamar de nuevo a la Mutua Madrileña para que se pusiera la maquinaria en marcha y nos enviaran de nuevo la grúa para arrancarlo con las pinzas. Nos dijeron que tardarían alrededor de una hora, así que mientras tanto, Ann, la anfitriona del B&B Antares, nos ayudó a buscar un taller cerca de la zona. Nos acercó hasta un concesionario de una marca diferente a la de nuestro, pero allí mismo el dueño nos recomendó ir a un taller Seat.

Dando un paseo por Sint Andries


Volvimos al B&B a esperar a la grúa, que tardó algo más de lo previsto, así que decidimos hacer una excursión por el barrio y hacernos algunas fotos por si se nos fastidiaba el día y no podíamos hacer mucho. La zona en la que nos alojamos es un barrio residencial con unas casas unifamiliares preciosas. Muchas de ellas incluso estaban hechas de cristal, por lo que se podía ver el interior. Aquí en España no creo que ese concepto funcionara pero desde luego a mí me pareció ideal porque, además, desde dentro de la casa se puede ver todo el verde que rodea la zona, que es mucho por todo lo que llueve. También había un par de parques muy bien acondicionados con pequeños canales. Vamos, como para cambiarnos a vivir allí si no fuera por el pastizal que seguro vale una casa de ese estilo.

Zonas verdes en el barrio de Sint Andries

Una hora y media después, volvió de nuevo el chico de la grúa que nos había atendido el día anterior. Arrancó el coche con las pinzas y nos dijo que podíamos ir a un concesionario multimarca, ya que como solamente teníamos que cambiar la batería era probable que nos saliese más barato. Así que le dio unas cuantas explicaciones a Ann, un cielo de mujer, y ella misma nos guio con su coche a un Auto 5.

Una iglesia muy colorida en Sint Andries

Cambiando la batería del León


En el Auto 5, el chico que nos atendió, que por cierto sabía un poquito de español, nos dijo que no había problema, que nos cambiarían la batería y en 20 minutos tendríamos listo el coche. Oye, todo gente amable y servicial en Bélgica. Es un gusto. Y todos, absolutamente todos, hablan inglés y se esfuerzan al máximo por ayudarte. Incluso Ann se quedó con nosotros un rato para asegurarse de que no teníamos problemas y después me dejó su número de teléfono por si acaso la necesitábamos. Adorable.

El cambio de batería estuvo listo en tan solo veinte minutos y el chico nos preparó la factura. 152 euros, un precio que no nos pareció caro aunque sí que haciendo cuentas después con respecto al precio en España pagamos en torno a 30 euros más. El caso es que resulta que Auto5 es la marca de Norauto en Bélgica y que podemos hacer uso de la garantía aquí en España.

Resuelto el problemilla y con el coche en marcha, aparcamos en la puerta del B&B, nos colgamos la mochila a la espalda y a explorar Brujas todo el santo día.

Por fin: explorando Brujas


Cuando salimos del B&B Antares llovía un poquito pero llevábamos paraguas y esto no nos impidió hacer el recorrido hasta el centro histórico andando.

Puerta de la ciudad de Brujas


La bienvenida a la ciudad nos la dio una de las puertas y el agua de los canales. También aparecieron los adoquines, las casas de colores y con forma de escaleras en eltejado. Aparecieron también los sonidos y los olores: los sonidos metálicos de las campanas que nos indican la hora y que no, no se parecen a lo que estamos acostumbrados a escuchar aquí en España. Es un sonido más metálico, más ligero, más limpio, sin tanto eco; y los olores de la frituras, sobre todo de las patatas, y del chocolate. ¡Cuántas chocolaterías hay en Bélgica!

Chocolaterie de Burg


La subida desde la puerta al Grote Markt fue en línea recta. Allí nos quedamos encantados, dando vueltas sobre nosotros mismos, admirando las casas de colores, la majestuosidad de los edificios y una arquitectura tan diferente a la nuestra.

Grote Markt

Callejeando, encontramos de repente un pasadizo que desembocó en una zona de la ciudad donde los canales empezaban a cobrar el protagonismo que merecen. Y entonces me acordé del consejo que nos había dado el chico que nos atendió en Carlos Fritur: “Si podéis, recorred la ciudad por los canales, porque se ve de manera diferente”. Así que después de hacer una buena parte del recorrido turístico a pie, decidimos comprar unas entradas para hacerlo en barco. El precio de este paseo es de 8 euros por adulto.


Entradas paseo en barca por los canales

También se puede ir en carro de caballos pero en este caso el precio asciende a 50 euros por carro, en el que pueden ir a gusto 4 personas. Por cierto que la ciudad está bastante limpia a pesar de los caballos porque los carros llevan un sistema incorporado para recoger las cacas. Llamativo.

La media langosta y yo preferimos hacer el recorrido en barca y la experiencia fue alucinante. Lobo de Mar, como apodamos cariñosamente al capitán de nuestro barco, nos iba dando explicaciones someras de por dónde pasábamos y algo de contexto histórico. Lástima que no traducía al español porque éramos minoría  pero los comentarios eran en inglés, francés y alemán.

Tras este paseíto, que duró aproximadamente una media hora, volvimos a tierra firme y acabamos de recorrer lo que nos quedaba de la ciudad. Además, aprovechamos para hacer algunas compras de chocolate, y para tomarnos un tentempié muy belga: unas deliciosas patatas fritas con kétchup (la salsa no está incluida en el precio, va aparte).

Entra a comer patatas y waffles

Ya cayendo la tarde (es un decir porque hasta las 11 o así no se hace de noche completamente) nos sentamos en un parque a descansar y a admirar los canales cerca de la puerta de la ciudad. Después entramos a un Carrefour Exprés a comprar algo para la cena y pusimos rumbo de vuelta al B&B Antares. De nuevo, media hora andando.

A última hora de la tarde, duchita y cena. Actualización de estado a la familia y a dormir el cansancio acumulado. A soñar dormidos porque despiertos llevábamos soñando desde que salimos de Madrid.

¿Te ha gustado nuestra experiencia de viaje? No te pierdas el reto de nuestra aventura.

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jueves, 11 de agosto de 2016

Viajar a Bélgica en coche. Etapa 3: Bayeux-Brujas

Con los nervios y la ilusión del viaje, la mañana del miércoles me desperté muy pronto. Me aseé y eran como las 8 y media de la mañana cuando bajamos a desayunar. Como el día anterior, el anfitrión de la preciosa casa Le Petit Matin nos preguntó qué deseábamos desayunar y nos sentamos a la mesa. En esta ocasión tampoco tuvimos oportunidad de hablar demasiado con los huéspedes pero sí que mantuvimos una fluida conversación en inglés con el propietario acerca de los viajes, nuestro itinerario y su visita a Thailandia del año anterior.

Vistas de la Catedral de Bayeux 
Me sorprendí a mí misma porque los días anteriores me había costado horrores entender lo que me decían. Es cierto que el dueño de Le PetitMatin, aun teniendo un marcado acento francés, se esforzó mucho por hablar con una dicción más marcadamente inglesa. También es verdad que después de un par de días escuchando “franglés” mi oído se había hecho más fino y mi inglés se iba desoxidando.

Tras degustar el magnífico desayuno, que incluía los característicos croissants franceses recién hechos, mermeladas caseras, panes exquisitos,… nuestro anfitrión nos señaló en un mapa algunas zonas interesantes de Bayeux, entre ellos, la catedral y el tapiz (cosa por la que este lugar es muy famoso) pero nosotros continuamos con nuestro recorrido por las huellas de la IIGM.

Cementerio británico de guerra de Bayeux
En concreto, fuimos a visitar la zona en la que se instaló el Cementerio británico tras el Desembarco de Normandía. De nuevo nos encontramos con un espacio abierto alrededor de mucha naturaleza y con un importante número de lápidas correctamente alineadas (ya no eran cruces, como habíamos visto el día anterior en el cementerio americano).

Lápidas alineadas en el Cementerio británico de Bayeux

En Bayeux pudimos comprobar lo bien cuidadas que tienen las zonas ajardinadas (en consonancia con el resto de la ciudad). El cementerio estaba recién regado y destacaban entre tantas lápidas blancas las flores de color rosa y unas pequeñas cruces de madera que los visitantes ofrecen, en la mayor parte de las ocasiones con alguna frase, a los caídos en el Desembarco. Lo que más me llamó la atención fueron las lápidas a los soldados desconocidos. Y no debo de ser la única porque eran las que más crucecitas tenían a sus pies.

Un soldado de la guerra 1939-1946. Conocido por Dios
Tras visitar el cementerio, echamos un vistazo a una serie de tanques y otros homenajes que había en los alrededores. Al cabo de un rato, tuvimos que volver a por nuestro coche (por cierto, que casi dejo media puerta pegada en un bordillo muy alto, jeje) para irnos hasta el Pointe du Hoc, cerca de la Playa de Omaha. Al montar en el coche, notamos que había arrancado medio raro y nos quedamos algo preocupados. Hicimos parada técnica en un E-Leclerc para comprar víveres y algo de hielo para conservar las cosas en la nevera aunque no había ni ahí, ni en una gasolinera cercana.

Durante el trayecto hasta Pointe du Hoc, barajamos que el ruido que habíamos notado en el coche al arrancar quizá podía ser la batería o alternador, que estaba dando problemas, pero decidimos esperar a ver qué pasaba en la siguiente parada.


Pointe du Hoc


Pointe du Hoc es un enclave estratégico en la batalla en Normandía. Está situado cerca del mar y, según la historia, los Rangers, un cuerpo de élite del ejército estadounidense, escalaron hasta la cima utilizando cuerdas bajo el fuego de las fuerzas alemanas hasta conquistarla. Todavía se conservan los búnkers y hay múltiples hoyos en el suelo como consecuencia de los bombardeos.

Búnkers en Pointe du Hoc, con la playa al fondo
Llegamos al sitio a través de unas carreteras bastante estrechitas y pasamos por aldeas pequeñas súper chulas. Como todo en esa zona, el Pointe du Hoc, además de ser un sitio solemne por lo que representa, está muy preparado para los turistas y para conocer la historia (de forma gratuita). Allí nos esperaba un parking muy bien indicado, así que aparcamos aunque un poco moscas por lo que nos había pasado antes y disfrutamos de aquella visita.

Marcas de munición en las paredes de un búnker
Al entrar se pueden ver muchas hondonadas en el suelo. Primero pensábamos que eran resguardos para los soldados pero luego nos dimos cuenta de que eran pepinazos que habían dejado el suelo de aquella manera. Además, había tres búnkers conservados en los que pudimos entrar y comprobar que eran idóneos para vigilar la llegada de barcos por mar. También vimos muchas marcas de balas en las paredes e inscripciones haciendo referencia a los Rangers.

Búnkers en Pointe du Hoc vigilando el mar
Por cierto que había bastante gente y, como venía siendo costumbre, el español era un idioma bastante popular (mejicanos, españoles, etc.).

Problemas con el coche


De vuelta al coche, la media langosta sacó un aparato bastante viejuno que permite comprobar el estado de la batería y el alternador, por si hubiera sido ese el problema. Arrancamos el coche e hizo un ruido súper feo pero, al conectar el aparato al enchufe del mechero, nos indicó que todo estaba correcto.

Nuestro próximo destino iba a ser el Cementerio alemán de La Cambe, relativamente cerca del Pointe du Hoc, pero el problemilla del coche puso a la media langosta en alerta y no quiso parar. El problema que se olía es que al apagar el coche no volviera a funcionar porque aquello parecía: batería o alternador estropeados a pesar del aparato; bomba de gasoil tocada; o motor de arranque hundido por unos problemas de filtraciones de agua que acarrea el coche desde que lo compramos.

O sea, que si parábamos, nos podíamos quedar tirados en el cementerio alemán de La Cambe y tendríamos que llamar a la grúa desde allí. A mí este plan no me convencía, así que lo más sensato, y debido a que esta era nuestra última parada en Francia, era continuar hasta Brujas sin parar el motor. Por suerte, teníamos el depósito hasta arriba del día anterior. Y este pasó  a ser nuestro plan de viaje.

Rumbo a Brujas


Programé el GPS rumbo a Brujas. La primera parte del viaje la pasamos repasando los posibles fallos que podían tener el coche tras ese arranque tan chungo. Incluso barajamos que el depósito del gasoil, al estar literalmente hasta arriba, estuviera dando problemas a la hora de bombear el gasoil.

Al llegar a Rouen y pasar por el puente de Normandía, nos relajamos y seguimos disfrutando del viaje, ya que esta infraestructura es simplemente espectacular. No lo menciono mucho pero sabed que cada dos por tres teníamos que recoger tique de peaje y al final gastamos en este concepto 222,70 euros. Para pasar el puente de Normandía hay que pagar un peaje específico que cuesta alrededor de 5,20 euros, aunque merece la pena. La vista es increíble.

El puente de Normandía
Desde aquí hasta casi Brujas estuvo lloviendo continuamente y el máximo de velocidad fueron 110 kilómetros por hora. Paramos en una gasolinera turnándonos para visitar el baño y no apagar el motor del coche por si las moscas.

Continuamos, y a unos 100 kilómetros de la frontera con Bélgica hicimos otra parada para comer un bocata con los víveres que habíamos comprado en Bayeux. De nuevo lo hicimos sin apagar el motor aunque estuvimos tentados. Y menos mal porque esperar a  la grúa en esa gasolinera con lo que llovía, hubiera sido bastante incómodo.

Llegando por Calais vimos el acceso al Canal de La Mancha para pasar a Reino Unido y se notó un incremento del tráfico de camiones y también de coches y caravanas británicas. El viaje hasta llegar a Brujas la verdad es que es el que más largo se me hizo, en parte porque estábamos muy pendientes de lo que podía pasar al apagar el coche. Sin embargo, repasamos las opciones del seguro que tenemos, que está a todo riesgo y, efectivamente, entra la asistencia en viaje en el extranjero y con bastantes buenas condiciones, por cierto, tanto para los pasajeros como para el vehículo, así que la preocupación, al menos por mi parte, tampoco era excesiva.


¡Llegamos a Bélgica!


Y, después de muchos kilómetros de carretera que se me hicieron eternos, por fin pasamos la frontera y entramos en Bélgica y ya solo nos quedaba una hora para llegar a Brujas. Por fin estuvimos ahí en torno a las 5 y media de la tarde. Aparcamos en la puerta del B&B que llevábamos reservado, el B&B Antares, apagamos el motor y entramos en la casa.

La anfitriona, Ann, nos recibió con una estupenda sonrisa que no perdió en los días que estuvimos allí. En inglés nos explicó cómo podíamos llegar al centro de Brujas, ya que el B&B no estaba céntrico sino en un barrio a las afueras conocido como Sint Andries, nos recomendó sitios para cenar y nos enseñó la habitación. La nuestra era la habitación verde, muy amplia y moderna, con capacidad de hasta cuatro personas.

Por cierto que en este punto me di cuenta lo que había mejorado en solo tres días en comprensión y expresión en inglés. Además, a los belgas, por lo que sea, se les entiende perfectamente y me quedé encantada.

Nos quedamos tirados con el coche


Cuando nos acomodamos, nos picaba la curiosidad acerca del coche. ¿Arrancaría o sería solo una paranoia nuestra? Bajamos a ver y… ¡no arrancaba! Efectivamente, la intuición de la media langosta no había fallado. Al coche le pasaba algo. En ese momento me tocó tener  la mente fría. Calma, llamemos a la Mutua Madrileña. Llevaba el número en el móvil, porque nunca se sabe, marqué y, tras explicar el caso, me pasaron con el departamento de internacional. Un chico muy amable me atendió y tomó todos los datos y me informó de que me iban a mandar una grúa para comprobar que no fuera algo que se podía arreglar in situ. Unos minutos más tarde, el delegado en Bélgica de la Mutua Madrileña me llamó (por cierto que era un gusto porque el señor hablaba castellano) para indicarme que en media hora tendría una grúa en la dirección que le había dado. Y diez minutos antes de llegar, el chico de la grúa me avisó (en inglés) de que venía de camino. Un gusto de atención, vaya.

Los anfitriones del B&B Antares dudaban acerca de si la persona que enviaban sabría hablar inglés, ya que en esa zona de Bélgica, conocida como Flandes, se habla principalmente flamenco, pero no hubo ningún problema. El chico hablaba inglés muy bien y nos entendimos a la perfección (la mímica en estos casos también ayuda).

Lo primero que nos hizo fue girar el contacto y, solo con eso, nos dijo que lo más probable es que fuera la batería. Así que sacó las pinzas, las colocó, volvió a dar al contacto y… ¡el coche funciona! Comprobó el alternador porque la media langosta tenía dudas pero parecía que no, que el problema estaba en la batería.

Nos dijo que podía ser que al día siguiente pudiéramos arrancar el coche con la carga que tenía pero que, si no, volviéramos a llamar a la aseguradora y que volvería a ponernos las pinzas de nuevo para arrancar. Le dimos las gracias, firmamos el papel y ya más tranquilos buscamos un sitio para comprar algo de cenar.

Finiquitando el día


A pesar de que estábamos súper cansados, dimos una vuelta por el barrio, que no es más que un barrio residencial pero bastante bien cuidado, y llegamos a un sitio que se llamaba Carlos Fritur, donde había todo tipo de comida frita y las tan famosas patatas fritas belgas. Dos hamburguesas y una de patatas para llevar. El chico que nos atendió fue súper amable, nos invitó al queso de las hamburguesas y, mientras preparaba la comida nos preguntó de dónde éramos y llegamos a hablar de sus vacaciones: había estado unas semanas antes nada menos que ¡en Botsuana! Nos confesó que le gustaba mucho la naturaleza y que hacía continuamente ese tipo de viajes. Le recomendamos que visitara la zona norte de España y volvimos al B&B Antares deshaciendo nuestros pasos.

De camino, nos llamó desde España la persona de la Mutua Madrileña que nos había atendido y le comentamos que todo estaba OK. Arrancamos otra vez el coche para ver si funcionaba y sí, arrancó. Craso error del que nos dimos cuenta al día siguiente. Perdimos nuestra última baza y el jueves por la mañana nos tocó esperar otra vez a la grúa antes de ir al taller.


Por fin en la habitación, ropa cómoda y comida. Un poco de televisión para enterarnos de las cosas (había canales internacionales y pudimos sintonizar La 1 –también emitían la final de Masterchef, a la que estaba totalmente enganchada-), contacto  con los familiares sin contarles nuestra odisea con el coche para no preocupar, envío de fotos, apertura de cama, y a dormir hasta el día siguiente. Pero, ¿en este país cuándo se hace de noche? Las 11. Cierre de pestañas. Hasta mañana.

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miércoles, 3 de agosto de 2016

Viajar a Bélgica en coche: ¿Y por qué no?

No sé si os pasa pero a mí me gusta improvisar y, cuando se trata de viajes, la cosa no es diferente. A principios del mes de mayo estaba hablando con una compañera de la final de la Champions (que como sabéis se jugó en Milán) y fue entonces cuando ella me dijo que en junio iba a recorrer Italia en coche aprovechando que su hija se encontraba allí de Erasmus.

Yo llevaba mucho tiempo queriendo ir a Londres y parecía claro que en breve iba a reservar los billetes y que ese iba a ser mi plan de verano. Pero, hablando con mi media langosta sobre el viaje de mi compañera, se nos encendió una bombillita. ¿Y por qué no hacemos algo diferente este año, cogemos el coche y vamos a Brujas, que es un destino que tienes ganas de conocer?

Mi primera reacción: What?
Pues porque Bélgica está a tropecientos kilómetros y se tarda mucho en llegar; porque a mí no me gusta conducir y no cogería el volante en todo el camino; porque es más caro ir en coche que en avión; porque según está la situación de revuelta; porque mi abuela va a pensar que estoy loca de remate; porque mi vecino de enfrente,... porque porque porque. Excusas.


Google dice que hay 1.544 kilómetros


Después de todas las pegas iniciales típicas de un buen viajero inexperto, empecé a buscar información a través de Internet. Google: "Viajar a Bélgica en coche". 109.000 resultados. 1.544 kilómetros, 14 horas y 18 minutos. Cientos de experiencias de gente que ha ido y vuelto en coche a Bélgica desde cualquier punto de España. Vale, se puede, la gente lo hace y no muere en el intento.

Nosotros habíamos hecho otro road trip hacía unos años a Portugal y otros tantos por España pero, desde luego, por número de kilómetros, la aventura belga era la de mayor enjundia. Lo que tuvimos claro desde el principio es que no íbamos a conducir durante 14 horas seguidas para llegar a Bélgica sin más, sino que haríamos las suficientes paradas como para tomarnos el viaje con calma y disfrutar de él.

Mi segunda reacción: ¡nos vamos a Bélgica!


Definiendo el itinerario


A pesar de que quedaba menos de un mes y medio para la fecha de viaje elegida (27 de junio), os puedo asegurar que tuve tiempo de sobra para organizar todo. Lo primero, fueron las paradas que íbamos a hacer. Y el itinerario quedó tal que así:


La primera etapa que haríamos sería Madrid-Burdeos, unos 700 kilómetros de coche en el primer día por estar más frescos que una lechuga, con sus correspondientes paradas. Esta primera parada la tenía más que clara cuando empecé a mirar el mapa. Burdeos: la capital de Aquitania.

La segunda etapa fue sugerencia de la media langosta. ¿Y vamos a ir a ver la playa del Desembarco? Pues claro, paradita en Normandía. Aquí tenía previsto un hotel en la misma playa de Omaha pero, al final, me decidí por un pequeño pueblo con mucha historia de la II Guerra Mundial: Bayeux. Todo un acierto.

La tercera etapa ya nos llevaba a Bélgica, concretamente a Brujas, que fue nuestro campamento base. De ahí, iríamos a Bruselas.

En un principio, la vuelta pensábamos hacerla por Nantes pero cambiamos el itinerario sobre la marcha, y me alegro porque cerca de Niort, donde hicimos noche, encontramos uno de los pueblos franceses más bonitos: Coulon.

Última parada antes de volver a Madrid: Zarautz, ese pueblo costero del País Vasco que Arguiñano ha puesto tan de moda y del que me llevé fotos de postal.

En total: cerca de 3.400 kilómetros de experiencia para nuestros cuerpos. Y, sin duda, uno de los mejores viajes que he hecho nunca.

¿Cómo, que todavía no te has convencido? No te preocupes. Sigue leyendo nuestra experiencia de viaje en los siguientes posts y, cuando llegues al final, me cuentas.